ADVERTENCIA: el siguiente post contiene spoilers para las personas que no han leído el manga hasta el capítulo 109.
Para quienes hemos leído el manga hasta la última edición que se ha publicado en septiembre de 2018, queda clara una cosa: para Hajime Isayama, creador de Shingeki no Kyojin, el bien o el mal dependen de la perspectiva. El autor nos trae el drama de la guerra y hace que los lectores nos estrellemos con la dura realidad... ser villano o héroe sólo depende de quién esté contando la historia.
El relato de Shingeki no Kyojin comienza desde los ojos de Eren, Armin y Mikasa. Tres niños que viven dentro de las murallas con curiosidad de poder ver el mundo exterior, hasta el día en que llegaron los titanes. En el capítulo 1 vivimos todo el terror que inundó a los protagonistas, especialmente a Eren cuando vio a su madre siendo devorada viva por una titán. Desde entonces, el objetivo de nuestro personaje principal fue claro: la venganza y la destrucción absoluta de los titanes para salvar a la humanidad.
El odio de Eren sería su motor en un mundo donde la supervivencia es parte de la rutina. Nuestro protagonista no entiende por qué debe vivir preso dentro de unas murallas para evitar ser devorado por criaturas cuya existencia no comprende. Por si fuera poco, Eren descubre que posee un poder que le permite convertirse en titán a voluntad (activándolo cuando se hiere a sí mismo) y progresivamente comienza a ver esta habilidad como un instrumento para eliminar a los titanes.
La perspectiva de Eren comienza a ampliarse cuando, a través del contacto físico con Rod e Historia Reiss, recupera algunos recuerdos de su padre y descubre que fue este quien le transmitió los poderes de titán. Por algún motivo que Eren desconocía, su padre Grisha Jaeger asesinó a casi todos los miembros de la familia Reiss convertido en titán, y robó los poderes del Titán Fundador a Frieda Reiss. Luego de la caída del muro María, Grisha inyectó a Eren con un suero que lo convirtió en titán, y este devoró a su padre, heredando así los dos poderes.
En el Arco del Retorno a Shiganshina, Eren finalmente utiliza la llave que le dejó su padre para encontrar un diario entre los escombros de lo que alguna vez fue su hogar. En este diario, Eren descubrió la verdad: existe un país llamado Mare, muy lejos de la isla de Paradis, donde los erdianos (descendientes de Ymir, aquellos que poseen en sus venas la sangre del titán) son tratados como ciudadanos de segunda clase y viven encerrados tras muros y con bandanas en los brazos que los identifican como tales (una clarísima alusión al trato hacia los judíos durante la Segunda Guerra Mundial).
¿Por qué? Por un "pecado" que ocurrió hace cientos de años. Erdia era un imperio poderoso que surgió con Ymir Fritz, la primera mortal en obtener el poder titán, y al morir ese poder se dividió entre 9. Los erdianos dominaron al resto del mundo (principalmente a la nación de Mare) con el poder titán durante muchos años, hasta que el rey número 145 de Erdia, Karl Fritz, sintió vergüenza de las acciones de su imperio y se unió a una de las familias de Mare, los Tybur, para que estos crearan la historia de un héroe falso que "derrotara" al rey Fritz y obligara a este a huir a la isla de Paradis.
Esto dio paso a la guerra civil entre los erdianos y, finalmente, Mare se apoderó de 7 de los 9 poderes titanes y tomó prisioneros a los erdianos que no pudieron escapar junto al rey Fritz. Así es como estos terminaron siendo considerados unos "demonios" por la gente de Mare.
Grisha descubrió a muy temprana edad la crueldad de los soldados de Mare y cómo la vida de los erdianos no significaba nada para ellos, con el asesinato de su pequeña hermana, por lo que se unió a la resistencia de Erdia y contrajo matrimonio con Dina Fritz, descendiente de la realeza. Sin embargo, años después, su hijo primogénito Zeke Jaeger los delataría con los soldados de Mare (por lo cual desde entonces sería conocido como "El Hijo del Milagro"), y estos sufrirían el castigo que se le imponía a todos los rebeldes de Erdia.
Estos eran llevados a la isla de Paradis y se les inyectaba un suero para convertirlos en titanes, condenándolos así a vagar eternamente y a devorar a sus hermanos. Justo antes de ser inyectado, Grisha fue salvado por Eren Kruger, un erdiano infiltrado entre las filas de Mare. Este poseía el poder del Titán Atacante y le encomendó a Grisha continuar con su misión: obtener el poder del Titán Fundador, el cual se encuentra dentro de las murallas de Paradis, y liberar al pueblo de Erdia.
En este punto, tanto Eren como los lectores piensan que el enemigo ha sido revelado. No son los titanes; son las personas de Mare, esas que viven más allá del mar. Ellas son quienes han convertido a erdianos en titanes y los han obligado a vagar y comerse a su propia gente. Son ellos los culpables de que los erdianos de Paradis vivan con temor, encerrados entre murallas.
Y es en este punto de la narración que Isayama decide cambiar nuestra perspectiva, contándonos la historia de Reiner, Bertholdt y Annie. Niños erdianos que crecieron en Mare, dentro de unos muros (distintos a los de Paradis, pero muros al fin) bajo una enseñanza: en las venas de los erdianos corre la sangre del demonio. Los erdianos no son como los ciudadanos de Mare porque deben cargar con los pecados de sus antepasados, en ellos está el mal y es su deber exterminar ese mal; es decir, matar a los demonios de la isla Paradis para salvar a la humanidad.
Los "guerreros" son niños adoctrinados con esta línea de pensamiento, para heredar los poderes titanes que posee Mare y luchar a favor de una nación que los trata como escorias.
Reiner, Bertholdt, Annie y Marcel fueron enviados a Paradis, considerados por sus familias como "héroes", para cumplir una misión, recuperar los poderes del Titán Fundador y destruir Paradis. Eliminar a los demonios.
Poco después de su llegada a Paradis, los niños fueron víctimas del ataque de un titán y Marcel sacrificó su vida para permitir que Reiner huyera junto a los demás. A pesar del miedo y de haber perdido a un amigo, continuarían adelante con su misión. Definitivamente los demonios de la isla Paradis merecían la destrucción.
Los demonios...
No fue un demonio lo que vieron los ojos de Bertholdt, convertido en Titán Colosal, cuando destruyó la muralla María. Lo que vio fueron unos niños aterrorizados, Eren, Armin y Mikasa, cuyas vidas serían destruidas en segundos.
Es en este punto donde ambas historias se cruzan, y los guerreros de Mare comienzan a darse cuenta de que los "demonios" de los cuales les hablaron en su país no eran tales. Al infiltrarse entre los soldados de Paradis, formaron amistades y fueron capaces de ver su punto de vista. Esto hizo que los corazones de estos personajes se dividieran, entendiendo que la misión que llevaban a cabo implicaba asesinar a personas inocentes que no lo merecían. Especialmente en Reiner esto causó estragos, y su mente formó dos personalidades, la del guerrero de Mare, y la del soldado que sobrevivía entre las murallas de Paradis junto a sus compañeros y los cuidaba.
¿Quién es el héroe aquí? ¿Quién es el villano? Años después, infiltrado en Mare, Eren entendería esto a la perfección al convivir con sus enemigos. Eren enfrenta a Reiner y, contrario a su carácter impulsivo, le explica con calma que comprende todo lo que ha sentido. Que eran unos niños ingenuos a quienes les lavaron el cerebro y los convencieron de matar a los "demonios" que habitaban la isla Paradis, que hicieron lo que hicieron convencidos de que era lo correcto. Reiner escucha incrédulo ante un Eren que no veía desde hace 4 años, cuando la última vez que se vieron lucharon a muerte, y lo único que quería hacer Eren en ese entonces era matarlo por traidor y por ser un "monstruo".
"Yo soy igual que tú, por eso no puedo evitar hacer esto", le dice Eren.
Es turno de Eren de ser el verdugo. Ha decidido atacar a Mare por sorpresa, sacrificando cientos de vidas de inocentes, esta vez ante las miradas de otros niños, Gabi y Falco, que vieron horrorizados cómo sus vidas se destruían en segundos, y sus amigos eran asesinados sin ningún motivo. Eren Jaeger le declaró la guerra al mundo.
En esta oportunidad, Eren y la Legión de Reconocimiento son los malvados, los enemigos que vienen a destruirlo todo sin cuartel. Esto nos deja a los espectadores ante una disyuntiva:
¿Cuál masacre apoyaremos? ¿Quiénes son los buenos? ¿Quiénes son los malos? Descubriremos que estas preguntas no son tan fáciles de responder, y sólo conocemos una verdad: ambos lados poseen víctimas y victimarios.
Aquí es cuando resuenan las palabras que le dijo un miembro de la Policía Militar a Hange Zoë: "Esto es un ciclo sin fin. Cuando el papel del verdugo termina, otro toma su lugar, y así sucesivamente. Ánimo, Hange".