Hace poco más de un mes cumplió años mi filósofo favorito, el danés Søren Kierkegaard y claramente, no podía dejar pasar la oportunidad. Había pensado esta serie de posts para ser publicados antes, pero por diversas razones no había podido publicarlos.
Hace algún tiempo revisé una gran apología sobre Kierkegaard escrita por el sacerdote argentino Leonardo Castellani: De Kirkegord a Tomás de Aquino. Es la mejor apología de Kierkegaard que he leído. Aunque un poco exagerada en ciertos aspectos, es más ensayo que paper, así que Castellani llena la obra de hipérboles que son literariamente válidas posee un profundo valor para comprender a fondo la obra del padre de la filosofía de la existencia.
Hombre frágil, enfermizo y angustiado durante toda su vida, pero firme en sus convicciones, ávido escritor, de hábil pluma y de fuerte carácter, el danés es uno de los grandes profetas que ha dado el cristianismo del desastre posmoderno y relativista junto a Chesterton, Dostoievski, Ratzinger, Wojtyla y muchos otros.
En honor al aniversario 205 del nacimiento de Kierkegaard, comenzaré mi cuenta dejando una serie de artículos sobre este maravilloso autor en los que iré publicando algunos apuntes de la obra del danés basados principalmente en el libro del Padre Castellani y la obra La Antropología de Kierkegaard de Juan Fernando Sellés.
¡Comenzamos!
¿Por qué Kierkegaard es tan malinterpretado?
Castellani dice que Kierkegaard ha sido muy malinterpretado y mal leído, a veces adrede, a veces por error. Comparto totalmente esa apreciación. Los filósofos vitalistas ateos de los que nace el existencialismo de Sartre hacen la vista gorda a toda la teología y filosofía de la religión de Kierkegaard y se quedan con una malinterpretación de sus ideas sobre singularidad y subjetividad (en el siguiente post de esta serie hablaré un poco al respecto) que también a veces son malinterpretadas o al menos transformadas.
Kierkegaard se consideraba a sí mismo un filósofo de la religión y un hombre de Dios, no un cristiano porque decía que ningún hombre era lo suficientemente bueno para poder llamarse a sí mismo “cristiano”. Cuando se vacía de contenido religioso el análisis del danés respecto a la angustia, la libertad y la singularidad se prescinde de su sentido original. Regularmente las más famosas interpretaciones de Kierkegaard comparten esta perspectiva que es poco fiel a la intención original del autor.
Kierkegaard tampoco la pone fácil
También, hay elementos que complican la interpretación de Kierkegaard. Primero, escribió en un idioma oscuro, el danés. Por eso fue desconocido fuera de su patria hasta ya cerca del inicio del s. XX. Las primeras traducciones al alemán que se hicieron parecen pasadas por Google translate. No tuvimos traducciones decentes en español de la obra del danés hasta ya entrados los años 40 (no en balde Unamuno aprendió danés para poder leer a Kierkegaard en su propia lengua) y de hecho, no hubo ninguna traducción completa de sus obras al inglés hasta 1968. Evidentemente esto ocasionó grandes problemas a la hora de interpretar a Kierkegaard.
Kierkegaard fue un autor prolífico. En 1841 publicó su primera obra Sobre el concepto de ironía en constante referencia a Sócrates y publicó más de 30 obras a lo largo de su vida (Falleció en 1855) y algunas fueron publicadas póstumamente. Semejante ritmo de publicación complica también la labor de interpretación del autor. Primero, por la cantidad; segundo, por el idioma original en el que fue escrito; y, por último, por la complejidad de la redacción de Kierkegaard y de los propios textos del autor, puesto que exige conocer a profundidad el contexto cultural, intelectual y religioso en el que vivía el danés.
Otro problema: a Kierkegaard le importaba poco el carácter científico de sus textos. Era más literato que filósofo. Muchos de sus libros fueron escritos bajo seudónimos, y estos seudónimos eran yos literarios, es decir, alter egos del autor. No representaban sus opiniones reales. Por eso Kierkegaard a menudo puede parecer contradictorio, incluso en una misma obra cuando escribe bajo dos seudónimos distintos pues puede presentar diversas perspectivas que se contraponen entre sí. Era un autor poco claro o sistemático; era más fundamental para él era transmitir su yo-singular en sus obras que escribir de forma comprensible.
De hecho, Kierkegaard llegó a decir que en sus obras escritas bajo seudónimo no hay ninguna palabra suya, ninguna opinión personal. Solo perspectivas. Evidentemente esto era un dolor de cabeza para todos los estudiosos de su obra.
Todo esto se empezó a aclarar cuando se tradujeron, estudiaron y publicaron los Diarios del autor, ya que en ellos sí expresaba sus opiniones personales. De hecho, en estos diarios, que tienen más de 7000 páginas de longitud (!!!!!!!) comparte opiniones con algunos de sus seudónimos… Esto también complicó más la cosa a los pobres estudiosos de Kierkegaard.
Pero luego de un arduo trabajo de traducción y de estudio de sus diarios y sus obras se logró separar parcialmente las opiniones del autor de las de sus yos literarios. A partir del estudio de sus Diarios y de otros trabajos publicados poco leídos se fue interpretando de manera más fiel a Kierkegaard.
Pero ya el daño estaba hecho.
En el siguiente post seguiré hablando de Kierkegaard, en particular de sus ideas religiosas y de la doctrina de la Subjetividad. Si te gustó, dale like y deja un comentario si tienes alguna sugerencia :) ¡Gracias por leer!