Una negra noticia entenebrece su mundo, siente como pedazo a pedazos cae y con ellos sus fuerzas, sentimientos de dolor sumado a la preocupación emergen de su alma y espíritu en forma de lágrimas que ruedan por sus mejillas cual rocío bañando su delicada piel. Helen sabe que una nueva batalla está por comenzar; cáncer de mama, pero ¿cómo?, ¿Porqué a mi? Sólo la confusión y la tristeza son sus compañeras.
Al principio fue difícil para ella entender y aceptar su condición, pero poco a poco abraza su enfermedad de manera que aprende a vivir con ella, mantener actitud optimista frente a su situación era importante durante sus tratamientos.
Su batalla comienza con las quimioterapias que pasan factura cobrando su larga y hermosa cabellera, tras cada sesión su cuerpo se debilita tanto que siente caer en letargos interminables. Pero la buena actitud es indispensable para no caer en la angustia y la desesperación.
Una mañana al despertar, no pudo contenerse y rompe en llanto por pensamientos que juegan en su contra, ¡y si no formo parte de ese pequeño porcentaje que sobrevive a esto!, ¡No quiero morir! Son potentes exclamaciones que su alma grita. Se calma y decide seguir luchando convirtiéndose en una guerrera. Esa mañana se dispone a caminar y dejar en cada paso la angustia que la atormenta. Las hermosas calles la invitan a pasearse por sus aceras, los árboles la llenan de vida, el aire frío la deja respirar con libertad hasta que llega a un hermoso lugar donde se podía observar el envolvente azul de un mar que la quiere abrazar, sus olas tambalean los botes con sus blancas velas, aquel paisaje resulta ser lo más hermoso que sus ojos han visto.

Anclada en ese lugar y sin ánimos de despedirse, piensa en lo afortunada que es de vivir esta experiencia, de sentir que a pesar de su enfermedad tiene deseos de seguir viviendo y ayudar a los que atraviesan su misma situación.
Regresa a casa y al día siguiente se dirige a sus rutinas de quimioterapia, son 15 sesiones, tan sólo va por la número 9, el conteo se le hace interminable. Pasado su tratamiento y de vuelta a casa, a su mente viene aquel lugar lleno de paz y tranquilidad, desea sentir la brisa del mar golpear su rostro así que se dirige a él y allí permaneció hasta que las estrellas le acompañaron.
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DIOS TE BENDIGA
DIOS TE BENDIGA
Lucas 1:37: "Porque nada hay imposible para Dios."