De cómo un viaje familiar que prometía ser salidas hasta las 12AM recorriendo la isla, se convirtió en una cacería de combustible y un repetido paseo a la playa más cercana. Ésta fue mi última visita a la Isla de Margarita, junto a un compañero de aventuras, su abuela y padrino. Cuatro personitas en un Fiesta Power fuuull de sábanas, maletas, un ventilador y hasta un cuadro (Sí, un cuadro) con suerte y cabíamos nosotros.
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Septiembre 2017
Día 1
Salimos a las 10AM desde la Capital, hasta Guanta, para embarcarnos en nuestro ferry, el cual se supone saldría a las 6PM. El viaje en carretera hasta Guanta duró unas seis horas, entre paradas para comer y descansar; llegando justo a tiempo para chequear nuestro boleto y todo eso… Apenas llegamos nos informaron que nuestro ferry se retrasaría unas dos horas de la hora pautada (esto fue como a las 4PM, o sea, tendríamos que esperar unas cuatro horas hasta las 8PM y yo que juraba que eso de los retrasos sólo ocurría con los vuelos).
La “sala de espera” de la estación de Guanta, no contaba con aire acondicionado y carecía de buenos snacks, por suerte teníamos pan con diablito (la parejita perfecta) para aguantar. Sin extenderme tanto… El ferry terminó embarcándose casi a la 1AM y llegamos a la isla a las 4AM. Luego de un viaje en carretera, espera y posiciones incómodas para dormir sentados en asientos raros, llegamos a la casa que nos acobijaría durante una semana, tomamos un baño y dormimos.
Día 2
Obviamente, nuestro primer día había absorbido toda energía posible y sólo queríamos pasarlo descansando, y así fue, únicamente salimos a comprar unas cosas al centro comercial más cercano y a echar gasolina. Al llegar a la bomba (estación de servicio) nos dijeron que había poca gasolina y que estaba acabándose, que TAL VEZ el jueves surtirían la isla de nuevo con gasolina (esto fue un martes) obviamente, nos espantamos un poco, ya que sin gasolina no podríamos hacer gran cosa, además las distancias allá son un tanto largas.
Día 3
Para no arriesgarnos a gastar mucho combustible, pero tampoco estar un día más en casa, fuimos a la playa más cercana, por suerte, era El Yaque. Ya había ido antes, pero muy pequeña, y puedo asegurar que es una de mis favoritas. Así transcurrió nuestro día soleado, lleno de Caroreña y arroz con pollo ¿Qué más se le puede pedir a la vida? (¡GASOLINA!?¿) OK.
Día 4
Como hoy era el supuesto día en que llegaría la gasolina, pero igual no queríamos arriesgarnos, tocó El Yaque de nuevo, y menos mal… Porque en dicho día, no llegó la gasolina. No había gasolina en toooda la isla, y si por casualidad quedaba en alguna bomba remota, tampoco nos arriesgaríamos a gastar el tanque atravesando la isla por ella, agarrar un taxi tampoco era una opción por la escasez de efectivo. O SEAAAA, UNA M#%D*TA LOCURA.
Día 5
Era viernes y la gasolina lo sabía ¡LLEGÓOOO! Y sin dejar pasar mucho tiempo, fuimos a llenar el tanque, fueron unos 40 minutos en cola, por la cantidad de gente que había esperando. Al finalizar la tarde, ya se había acabado… Se podría decir que “¿Corrimos con suerte?”. Con un tanque lleno y ganas de hacer algo distinto, POR QUÉ NO, nos fuimos de party a una disco bar que parecía unos quince años a los cuales los invitados no llegaron. Podría jurar que había unas 30 personas o menos (¿La crisis? Quizá, o la temporada… Pero vamos, era un viernes de quincena) o tal vez el lugar no era tan popular, de igual manera, andaba con buena compañía y la pasé brutal.
Día 6
Bien requete amanecidos fuimos a disfrutar de nuestro último día de playa, esta vez, como habíamos llenado el tanque, fuimos un poquito más lejos a Playa Guacuco. Fue un día relajado luchando con el sueño.
Día 7
Como era domingo y al día siguiente retornábamos, fue más que relajado. Tempranito fuimos al Mercado de Conejeros a desayunar unas empanaditas, en el siguiente habían muchos locales cerrados y otros en los que su nuevo negocio era la venta de productos escaseados y/o regulados a precios bastante elevados. Seguido de eso, fuimos a un bodegón en el que hice una compra estúpida, nerviosa y equivocada de un desgraciado ping pong (maní cubierto con chocolate) el cual marcaba un precio distinto al que realmente era, y no me di cuenta, al final me reí y no me quedó de otra que disfrutarlos. Esto último siento la necesidad de contarlo, ya que en ese momento fue bastante dinero y era algo que no me esperaba. El resto del día, transcurrió como un domingo normal en casa y preparando de nuevo nuestras maletas para irnos.
Día 8
Despertamos, como a eso de las 4AM ya que nuestro ferry salía a las 6AM y rogando que no se retrasara ni un poquito. Pues la suerte nos acompañó y ya a las 9 estábamos en Guanta, listos para tomar carretera hasta Caracas.
A pesar de cada inconveniente que se nos presentó, fue un viaje extraordinario. Es increíble la capacidad de aguante que hemos adquirido en los últimos años algunos venezolanos, para no dejarnos arropar con toda esta mierda, y a veces se torna hasta imposible, pero de esta crisis lo único que quiero conservar es la alegría de poder disfrutar con poco y con lo que tenga siempre a mi alcance.
¡Gracias por leer hasta el final!