Hace un mes que no publico, y les debo un montón de explicaciones. Al igual que un motón de historias y reflexiones de momentos vividos, malas decisiones y "metidas de pata". No obstante, a todo esto le he llamado: crecer; y, a veces, crecer es más que necesario.
A veces, desaparecer un tiempo nos permite reencontrarnos.
Y aseguro un post de este tiempo, y procesos. Sin embargo, este no será ese post. En este post me permitiré plasmar un artículo académico, de la materia de Psicopatología de 4to año de Medicina, en el cual nos pidieron plasmar una autorreflexión crítica y sincerada de lo que somos.
Hacer y ser, dos caras de una moneda muy distintas, difíciles de distinguir.
"La introspección debe ser, de todos, el arte más difícil y necesario en existir. Quizás el más temido por unos, y menospreciado por otros. Por mi parte, busco someterme a el de manera periódica. Es difícil describirse partiendo del paradigma personal:¿Quien soy?; este es el -para siempre- antesala de: las consecuencias de quien he venido siendo, la suma de mis amistades, y verdades detrás de cada historia que he vivido. El arquetipo de joven criado en un hogar de clase media-alta, de familia desnuda producto del divorcio y hermanos en múltiples hogares. Quizás eso explica mi particular desinterés por las relaciones en grupos sociales, y mi conformidad con poseer solo un puñado de personas en quien confiar, contados con mis dedos, y notando el énfasis aplicado en la palabra empleada: poseer ya que, así como pueden estar, suelo perderlas al descuidar los rituales de la ceremonia social: ¿cómo estás?, ¿qué haces?, ¿cuándo nos vemos?, son frases que rara vez oirás de mi.
Letra de médico, y no de poeta.
No obstante, tengo facilidad de relacionarme. Siendo humorista, centrado, altilocuente, o solo un oyente más cuando la situación lo amerita. Mi bienestar depende muy poco del grupo que me rodea, sintiéndome más cómodo separado de la manada.
Al mencionar mi hogar base, y el contexto socio-matriarcal en el que vivimos (Venezuela), es evidente que fui criado por mi madre, fórmula en la cual se cumplen los principios freudianos, en la cual lastimosamente he idealizado la imagen de mujer cual trovador a una musa, creando un ser dependiente de esta imagen. Aunque me independicé a los 20 años, y me fui lejos de mi ciudad natal, la necesidad co-dependentista de que idealizar a una mujer que rija mis estados anímicos y resoluciones de conflictos me han hecho ser tóxico para mí mismo, al vivir un ciclo interminable de lucha por soltarme de estos estigmas. Para mi consuelo, tengo al menos el poder del auto-conocimiento de mi parte.
Esto, a su vez, me ha formado como una persona en extremo leal, dadivosa, detallista, romántica, y quizás, excesivamente sentimental, virtudes de las cuales podríamos desglosar muchos pros y contras. A esto podríamos sumarle quizás mi mayor desvirtud: la inseguridad. Una enorme carga emocional con antecedentes depresivos, con pensamientos y actitudes suicidas en mi adolescencia, y aún pensamientos que pueden persistir en la actualidad cuando la situación activa los detonadores de estrés y de tal carga emocional, fundamentada en sentimientos de culpa, inutilidad e incapacidad en mi laburo diario.
A pesar de ello, reconozco mis capacidades empíricas e intelectuales, destacando a nivel académico desde mi infancia siendo letrado, amante de las ciencias, historia, filosofía, literatura, dramaturgia; escritor, prosista, poeta, músico por hobby, y completamente transparente en todos los sentidos. Con una memoria horrible, pero con una capacidad de razonar que me permite comprender lo que me disponga en cuestión de minutos. Equilibrista entre la soberbia y el auto-desprecio; desinteresado en la mayoría de las cuestiones que me rodean. Y con todo y eso, entregado a la filantropía (labor social), en donde me he permitido vivir, comer, hablar y rodearme con las personas con mayor necesidad, repletos de carencia espiritual, social y económica, hallando agrado en renunciar a tanto vendaval de la altilocuencia y de los armatostes sociales, para disfrutar con aquellos que viven rodeados de la nada.
Sinceramente, considero la filantropía como otra manera de cambiar los paradigmas aprendidos; así como aprendí que la distracción hace frente a la depresión, pero no la vence. Y no será un buen autoestima lo que la vencerá; no es cuestión de pararte frente al espejo cada mañana y hablarte de tus maravillas y virtudes. Hay que ser muy débil para engañarse a uno mismo con esas sutilezas. Así que, en contrariedad al positivismo (que considero inservible), confío más en el realismo soteriológico y Cristo-dependiente, en cual tiene más lugar la auto-proyección sincerada con una auto-imagen fáctica, adjunta a la esperanza de la renovación gradual. De esta manera, el progreso holístico del ser es el que cura la depresión. O, al menos, eso me curó.
Crecí con ideales hegelianos y cierta influencia freudiana. A pesar de ello, he aprendido a mengüar en cuestiones que no dependen de mi, e intentado ser un individuo fáctico, sometido a la realidad de mis capacidades. Es por ello que vivo en una constante competencia personal contra todo aquellos que considero relevante. Decidí estudiar Medicina como reto personal, y así con la mayoría de las cosas porque, la verdad, dependo muy poco de todo este armatoste que todos consideran necesario. Así, soy indiferente a mis realidad contextuales en cuanto a economía, entendiéndolo todo como un reto para lograr la proactividad mediante el pensamiento asertivo, haciendo uso de mi libertad última (capacidad de reaccionar ante los factores externos).
Hoy por hoy, puedo decir que mi filosofía de vida es más Cristocéntrica que otra cosa, haciendo a un lado influencias anteriores; sabiéndome resultado, a fin de cuentas, de la totalidad de mis aciertos y errores, fracasos, virtudes, decisiones, historias vividas (y por vivir); la totalidad de mis sueños, e ideales que aún están por madurar en mí, la persona que debo ser."
Integrante de Pregrado: José Troncoso.
21 años de edad.
Reto a y a
ya que sé que hicieron interesantes autorreflexiones para la misma asignatura. Desnudarse públicamente suele ser liberador. De mi parte, fue la apertura que necesitaba para mis nuevas etapas que están por comenzar.
Si ,
y
desean sumarse a este reto autorreflexión, pues podemos comenzar un nuevo challenge jaja.