En este texto sólo habrá una sola imagen, una sola que retrata la experiencia de haber nacido en Cuba de los noventa y no haber superado esa debacle.
En este texto, que además surge desde mis entrañas, desde el insomnio permanente que me ha dejado esta madrugada, un apagón de dos horas y el miedo a los por venir, dejo algunas de huellas del día de ayer y quizás de lo que me toque hoy.
Soy un científico de las artes, un creador y sin embargo, nada de eso ha bastado.
Ayer supe que estaba en serios problemas mientras las últimas reservas de agua que tenían se acababan. Miré lo último que quedaba en un recipiente y me dije¿llegó la hora de echarme a morir?
Mire a todos lados. Vi los vehículos que transportan agua, camiones cisterna, y tuve una pequeña añoranza. Cosa que se desvaneció.
Ninguno iba a parar frente a mi casa porque me falta el combustible suficiente que les puede llenar las billeteras. Me falta el combustible monetario suficiente para saciar su avaricia cruel.
Me falta el combustible en forma de billetes como para saber que el mañana en forma de agua llenará mis recipientes.
Así poco a poco, luego de entender esta verdad, ayer me fui desvaneciendo. Se me fue abriendo la tierra debajo de los pies.
Pero Dios no nos deja desamparados. Un trueno seco anuncio la tormenta. Y cayeron las primeras gotas. Al principio, estuve como aletargado.
Pero un segundo trueno, una bomba realmente, me hizo despertar. Saqué entonces las primeras vasijas que tenía desocupadas: un cubo y el caldero de olla.
Luego, vendrían otras e innumerables viajes. El agua del cielo, como el maná, vino a salvarme la vida.
Dios envió la lluvia para que no solo yo, sino muchos en mi cuadra tuviéramos agua, luego de vienti tantos días sin ella, para bañarnos. Dios ha sido fiel.
Ahora mis vasijas están llenas de agua. Pude cocinar con agua del cielo, pude bañarme con agua del cielo- que por cierto hace mucha espuma- puse fregar con agua del cielo y resolver otras necesidades.
No puedo pagar una pipa de agua por lo caras que están, porque mis entradas desaparecieron a principios de mes, porque no hay de dónde inventar más.
Pronto mis datos expirarán y volveré a la edad de piedra. Pero nada de eso asusta porque sé que si Dios envío el agua del cielo, también enviará su ángel, para que no sufra, porque todavía no hemos superado una crisis que cada día es más horrible.
Fotos: propiedad del autor del texto.