Enrojecen los tejados y la esquina
los últimos rayos...son dedos afilados
que rasgan, extendiendo el sudario diario
cual velo púrpura...oscureciendo.
Las lumbres como ojos de gatos
compiten con las estrellas, desafiando.
Por mis cortinas se cuelan
fugitivos suspiros ondulantes
y como gaviotas húmedas
dejan su pesadez sobre la almohada.
El reloj cómplice, desparrama hiel en mi alma
resonando como un cascos en tierra seca
escupiendo ecos reiterativos, arrastrando al tiempo.
Y yo...sonámbula...camino errante
camino mis propios pasos, escucho mi propia voz
martillando cada letra de su nombre
que caen y rebotan como guijarros en la alfombra.
Cada sonido es un fantasma que te toca la espalda
y cada recuerdo se agiganta...atormenta
y su aroma aflora despiadado entre las sábanas.
El reloj...sigue lento, monótono, inhumano
y yo...sueño sin soñar los ojos deseados
y acarició sin tocar el largo silencio de la memoria
cerrando los ojos, muy apretados
esperando los primeros rayos.