Tengo aproximadamente tres semanas llevando a cabo todo lo que por meses, o quizás años, no había podido realizar. Y es que, si nos detenemos a pensarlo un segundo, la vida es una sola. Más allá de los objetivos profesionales, de las metas financieras o de los compromisos diarios, hay una realidad interna que no podemos evadir: yo no quiero que termine la semana, el mes o el año y sentirme la persona más inútil del condado. ¿Cuántas veces nos ponemos metas con toda la ilusión del mundo, pero qué difícil es cosecharlas, verdad? Es exactamente como querer que una planta crezca, florezca y adorne de forma espectacular algún espacio de nuestro hogar, pero nos olvidamos por completo de ponerle abono, de echarle agua o de sacarla al sol para que reciba la luz del día. El resultado de ese descuido es obvio. Bueno, les confieso que esa mata seca, marchita y achicharrada fui yo durante mucho tiempo. Hoy, afortunadamente, decido hablar en pasado. En pocos pero muy bien organizados días, he tratado de cambiar varias cosas en mí. Al escuchar esto, quizás te preguntarás: “¿Tan mal estabas?”. No, chico o chica, no estaba tan mal. No era el fin del mundo. Pero uno ve la vida correr a una velocidad increíble y, a estas edades, uno ya no quiere arrepentirse de nada. Y cuando digo de nada, es de nada, nada.
Para ponerlos en contexto: yo siempre fui una persona bastante delgada. Sin embargo, la combinación de la ansiedad, la maternidad y la acumulación de malos hábitos me han llevado, poco a poco, a habitar un cuerpo que hoy desconozco. Ojo, bendigo y agradezco cada parte de él por todo lo que me ha permitido vivir, pero no me siento cómoda en él y he estado tratando de mejorar. Cuando hablo de mejorar, no me refiero únicamente a un cambio físico o estético; hablo de mí como persona, de una transformación integral. Antes vivía en una ansiedad absurda. Y cuando digo ansiedad, no me refiero a una simple preocupación cotidiana por las deudas o el tiempo. Me refiero a ese sentimiento desbordante y asfixiante dentro del cuerpo, en el cual uno siente hasta un sofocón en el pecho, ganas de llorar de la nada y el cuerpo completamente paralizado, seguido inmediatamente por unas ganas inigualables de comerte el mundo entero. O bueno, al menos así es como me da a mí.
Levo aproximadamente cuatro semanas haciendo una dieta. Y no, bebé, no es una dieta de esas locas, absurdas y súper restrictivas que te estás imaginando ahora mismo. Yo hablo de una dieta verdaderamente sana, que consiste en comer mejor, cocinar sin grasa y medir las porciones con todo pesadito, pero con la gran ventaja de no pasar hambre. No me crean si no quieren, pero sí, créanme: funciona. Cuando comencé con este régimen alimenticio, muchas cosas cambiaron radicalmente en mi rutina. La primera gran victoria fue que comencé a creer en mí misma. El simple hecho de poder controlar mi cerebro y dominar mis propias decisiones me da una alegría inmensa. Siento que todo lo bueno puede nacer de allí, de la necesidad de poder ver las cosas con absoluta claridad para tomar las mejores decisiones en el día a día. Pero seamos completamente honestos, mis santos: esto no fue nada fácil. La primera semana fue un reto titánico; sentía un desespero tal que me quería comer a mí misma o tomarme el agua de los floreros si era necesario.
Sin embargo, para la segunda semana, mis hermanos, la historia fue otra: yo andaba volando. Me desperté con la creatividad a flor de piel, con unas ganas inmensas de trabajar y con una energía desbordante que ni yo misma reconocía. Y es que, pensándolo bien, ¿cómo puede el cerebro funcionar correctamente con un cuerpo que todo el tiempo está cansado y maltratado? No, simplemente no puede. Por eso, si estás allí sentado, tratando de tomar alguna decisión importante en tu vida pero te sientes completamente estancado, haz primero cosas que te ayuden a desbloquearte. Ojo, en mi caso particular la necesidad me llevó a iniciar una dieta, pero en tu caso la solución puede ser otra muy distinta: dejar el celular por algunas horas, leer un buen libro, sentarte a tomar un café con un amigo o hacer el delicioso... ¡Qué sé yo! Jaja. Cada quien encuentra su válvula de escape en lo que mejor le funcione.
Hoy en día, esta claridad mental me ha llevado a ser mucho más feliz de lo que ya soy. Me ha permitido enfrentar situaciones difíciles y recientes con valentía y total tranquilidad. Me ha dado la vitalidad para estar más activa que nunca, pero, sobre todas las cosas, me ha hecho sentir muchísimo más segura de mí misma. Tener la casa en orden —es decir, mi propio cuerpo sano— me ha devuelto una felicidad incalculable. Evidentemente, no voy a negar el tema estético. Claro que me importa la apariencia y claro que he mejorado notablemente frente al espejo. Pero hoy por hoy, más que el cambio físico, lo que realmente admiro es la decisión que tomé, la fuerza que tuve para aguantar la primera semana y mi determinación actual por continuar en este camino. Solo así seguiré sintiéndome bien y productiva. Vamos a estar claros: como uno se siente en el interior, se termina exteriorizando tarde o temprano.
Hace poco tiempo vi un reel en las redes sociales que me dejó pensando profundamente. Decía algo como: “Si ocurriera una situación de emergencia extrema, ¿tendrías las cualidades y las capacidades físicas para poder salvar a tu hijo?”. Honestamente, esa pregunta me caló hondo y me dejó reflexionando por días. No se trata solo de lucir bien. Estar bien físicamente es también pensar en la vejez. Yo no quiero que mi hijo me vea en el futuro como una carga pesada; al contrario, yo quiero que él me vea como un apoyo sólido, como alguien fuerte que siempre estará para él cuando necesite ser auxiliado. Y a que no saben qué pasó. Justo a las pobres pero bendecidas cuatro semanas de haber iniciado este cambio, mi hijo tuvo que ser intervenido quirúrgicamente. Aunque se trató de una operación sencilla, requirió que yo estuviera al cien por ciento para cargarlo, apoyarlo físicamente y mantenerlo fuerte en su recuperación. Hoy doy infinitas gracias por estas nuevas decisiones basadas en el amor propio, porque al final del día, todo ese amor que me doy a mí misma se deriva también en bienestar y amor protector para mi pequeño.
- Traducido con www.DeepL.com/Translator || Translated with www.DeepL.com/Translator
Italic
-Todas las imágenes 📸 fueron creadas con IA