“Una mente renovada es un museo de milagros. Quiero ir más allá de las palabras, y que las acciones y hechos hagan resonancia”
Mis abuelos maternos eran campesinos, iletrados y trabajadores sin descanso. En mi familia nos acostumbraron a madrugar. Mi abuelo Humberto era ganadero y abría los ojos a las 2 de la madrugada, para hacer café, desayunar e irse al potrero a ordeñar las vacas y arriar el ganado. Nuestras responsabilidades escolares comenzaban a las 7 de la mañana, pero nos levantaban del calor insustituible de la cama a las 4 de la madrugada, porque mi abuela Belén, en su ineludible tarea diaria, aun entre dormidos y despiertos, nos daba un tazón de café con leche acompañado de un bizcocho todos los días, a esa hora, y sentados en la mesa, nos recordaba que las virtudes y bellezas espirituales que edifican la vida de un ser humano no lograban prosperar durmiendo hasta tarde, que la fealdad era demasiado común para tener trascendencia.
Esas imborrables enseñanzas es lo que hoy considero las epifanías espirituales para lograr que lo ordinario sea especial, cultivar los valores dentro de ti mismo que permite moverte hacia delante, y mi abuela, tenía la certeza de que cualquier cosa que cambia tus valores cambia tu comportamiento.
¡Prendan el alma! - era el primer grito que escuchábamos de mi abuela, retumbando las paredes de la casa, para comenzar a recorrer nuestras habitaciones a las 4 de la mañana, incluso antes de tocar el suiche en la pared y encender la luz.
Por supuesto que para nosotros, niños al fin, aquello era como una tortura diaria, porque no lográbamos interiorizar a tan corta edad, por qué si entrábamos a clases a las 7 de la mañana, nuestros abuelos nos tenían que levantar a esa hora.
Un día, conversando acerca de nuestra infancia con mi abuelo Humberto, le pregunté por qué nos despertaban tan temprano siendo niños, y me respondió: -"Porque si no lo hubiésemos hecho así, no logramos de ustedes, lo que son hoy, hombres y mujeres de bien, con sentido y propósito. Lo negativo siempre proviene de un conjunto de creencias, entre ellas la idea de que cada situación dolorosa encierra una lección, y yo sé que para ustedes, madrugarlos eso representaba, en ese momento un penoso dolor, y como pueden haberse dado cuenta, no todo dolor en la vida indica que algo va mal. Lo que hicimos su abuela y yo, fue prepararlos para que se marcharan de casa y emprendieran su propia vida con lo más importante que nosotros pudimos meterle en la eterna maleta que siempre los acompañará, valentía, paciencia, disciplina, humildad, responsabilidad, confianza, bondad, honestidad, respeto y amor. Si ustedes nunca dejan olvidadas sus herramientas, jamás caerán en el pantano de la desdicha"
Y efectivamente, emprendimos cada uno con su maleta a cuestas el viaje, con la enseñanza de aprender a valorar nuestros sueños y deseos, nuestras ideas espontáneas, nuestra intuición acerca de lo que es realmente importante. Nuestros abuelos sabían que siendo adultos, necesitamos sentido, conocimiento y explicación; necesitamos ver los patrones globales de nuestras vidas. Necesitamos esperanza, una sensación de futuro. Así empezamos a descubrir y a afirmar nuestros propios dones inalienables.
Quienes saben lo que es luchar para convertirse en alguien honesto e íntegro, saben que esa lucha se libra en un campo de batalla interno, en algún lugar situado entre el ego y el alma. Pero también saben que ser incongruentes, entre lo que decimos y hacemos, es un modo infalible de boicotear la calidad de vida, porque el engaño es una pasión oscura y muy poderosa. Conocerte todos los días, es llegar a conocerte de nuevo, apreciar verdaderamente la persona que eres para que tus dones fluyan, para que contribuyan a que alcances nuevos niveles de conciencia, de una guía interior portadora de una verdad que asimilamos mediante la experiencia, la reflexión y las grandes enseñanzas arraigadas en la vida.
Tengo por costumbre, cuando saludo a mis amigos, desearles un feliz día, y preguntarles cómo están, cómo se sienten hoy. Y sus respuestas automáticamente derivan hacia algo negativo, como el estrés por el dinero, problemas en las relaciones, crisis emocionales sin resolver, temas de trabajo o problemas de salud. El pensamiento de la mayoría vaga hacia el pasado, y cuando caminan hacia el futuro, tiende a ser sólo para preocuparse por algo que todavía tiene que suceder y que además, no se sabe cómo viene. He podido percibir que nuestra sociedad se decanta en favor de lo que está mal, de lo que duele, de lo que nos falta en la vida, en vez de hacerlo en favor de lo que está bien y nos basta.
Por eso es que el contenido de la maleta que me regalaron mis abuelos, decidí compartirla con mis amigos, dado que nuestro máximo potencial espiritual no es algo que nuestro frágil ego pueda valorar, porque el frágil ego sólo puede buscar y razonar aquello que le sirve a él. Hasta que no nos ponemos en la tarea de estudiar nuestra fragilidad, no empezamos a construir un andamiaje interior suficientemente sólido para que soporte las luchas que libramos entre quiénes somos por nuestro ego y quiénes aspiramos a ser desde el alma.
Hay que ser bastante humilde, intuitivo y perseverante para ascender a una relación con la prosperidad espiritual, para que las grandes cualidades cultivadas sea lo que más aprecien de ti, lo que realmente valore la gente que conoces, y tú confíes en ellas para iluminar cualquier habitación en la que entres, viviendo en el campo de gracia que logres irradiar.
La decisión de luchar de las mejores personas contra esas fuerzas internas que apagan el espíritu, requiere mucho más que fuerza de voluntad, requiere que: !Prendan el alma!
La primera imagen es una ilustración realizada por mí.