Evangelio del día - 13 de julio
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Evangelio según san Mateo |
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Jueves de la 14ª semana del Tiempo Ordinario
En aquel tiempo dijo Jesús
d, y predicad, diciendo: Que se acercó el reino de los cielos ¹. Sanad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, lanzad demonios. Graciosamente recibisteis; dad graciosamente. No poseáis² oro, ni plata, ni dinero en vuestras fajas ³; no alforja para el camino, ni dos túnicas, ni calzado ⁴, ni bastón; porque digno es el trabajador de su alimento ⁵.
Y en cualquier ciudad o aldea en que entrareis, preguntad quién hay en ella digno ⁶; y estaos allí hasta que salgáis. Y cuando entréis en la casa, saludadla, diciendo: Paz sea en esta casa ⁷. Y si aquella casa fuere digna ⁸, vendrá ⁹ sobre ella vuestra paz ¹⁰; mas si no fuere digna, vuestra paz se volverá¹¹ a vosotros.
Y todo el que no os recibiere, ni oyere vuestras palabras, al salir fuera de la casa, o de la ciudad¹², sacudid el polvo de vuestros pies. En verdad os digo: Que será más tolerable¹³ a la tierra de los de Sodoma y de Gomorra en el día del juicio, que a aquella ciudad.
¹ Los profetas hasta entonces habían prometido al pueblo de Israel, que era todo carnal, la tierra y los bienes de ella, si eran fieles a las observancias legales; pero el Señor manda a sus Apóstoles que anuncien la proximidad del Reino de los Cielos, y que prometan los bienes eternos a los que fuesen fieles a sus mandamientos; en lo que se ve la gran distancia que hay de la ley escrita a la de gracia.
² Esta es una breve suma de la perfección evangélica; y el ministro del Evangelio debe estar desembarazado de todo aquello que le puede apartar y distraer del cumplimiento de su vocación. Y esto es lo que Jesucristo encarga aquí a sus Apóstoles.
³ j. Los soldados, y los que viajaban, acostumbraban llevar el dinero en los cintos, fajos, o cinturones con que ceñían su cuerpo. Aún vemos esta práctica en España.
⁴ No se opone a esto lo que se dice en Lc 22,35, pues el sentido sencillo de estas palabras es, que saliesen prontamente a su misión, sin detenerse a hacer provisión para ella, pues el Señor no dejaría de proveerles, como a ministros suyos, en todas sus necesidades. De este lugar, cotejado con Hch 12,8, se ve que en los Evangelistas no se halla diferencia entre hupodémata, y sandalia.
⁵ El fruto de la viña pertenece al que la plantó, y la leche del ganado a los pastores. Del mismo modo debían ellos recibir las cosas necesarias para su alimento, de aquellos a quienes anunciaban el Evangelio; no como recompensa de su trabajo, sino como un apoyo de la vida presente. S. Agust.
⁶ Hombre de piedad y religión, que reciba en su casa a los huéspedes y peregrinos, y que muestre solicitud por su salvación, y por la de sus prójimos.
⁷ Así como los latinos para saludar usan de esta fórmula: ave, o salve, y los griegos de jáire, del mismo modo los hebreos y siros usaban de esta Schalón lách; paz a ti; y con estas palabras se deseaban todo género de prosperidades.
⁸ De la paz evangélica que le anunciaréis.
⁹ El griego tiene en imperativo ambos verbos. A la letra: Que vuestra paz venga sobre ella, etc., que vuestra paz vuelva sobre vosotros.
¹⁰ No la del mundo; no aquella que grita paz, paz, no habiendo paz; no aquella que yo vine a destruir, sino la del Cielo, que viene de lo alto: et in terra pax hominibus bonae voluntatis (y en al tierra paz a los hombres de buena voluntad).
¹¹ Y por consiguiente esta paz celestial y divina se ausentará de aquella casa.
¹² Aunque sea de Israel, tenedla por profana, impura y abominable, como si fuera de gentiles. Creían que sólo el contacto de la tierra de los gentiles los hacía inmundos.
¹³ El castigo. Será tratada con menos rigor la tierra de los de Sodoma. El que no escuchare vuestra doctrina tendrá dos castigos: el primero, quedar privado de la paz que le anunciaréis; el segundo, ser tratado en el juicio de Dios con mayor rigor que las ciudades de Sodoma y de Gomorra. Fue menor el pecado que estas cometieron, dice San Hilario, porque no conocían a Jesu-Christo; pero es un delito que no merece remisión, el no recibir la verdad, cuando se predica; o corromperla y alterarla maliciosamente, después de haberla recibido. Los versículos 20, 21, 22, 23 y 24 del capítulo siguiente pueden servir de exposición a este.