Deja que tus heridas digan todo lo que tienen que decir, como si fueran hojas que caen que pueden decir tantas cosas.
Permite sin nervios cálidos y vehementes, que se alejen en silencio las emociones juveniles, para que también puedan regresar sin coacciones de ningún tipo.
Descansa de emitir inútiles hipótesis, para asomarte a la ventana de la vida y ver tanto universo que dejas de tragarte, por creer que será devorado por las catástrofes que tú mismo crees.
Deja ir los recuerdos como barcos en el mar, resígnate a que no regresen los suspiros; a no llorar porque la vida te parezca muy corta, si no hacerlo porque te parece tan larga.
Aprovecha la edad que te hace cantar bajo cualquier tempestad, y estar más convencido de alguna esperanza; que te dice que todo es más bello cuando estamos en paz con nosotros mismos; que te hace mirar atrás y ver que sembraste vidas como si fueran semillas.