INFINITUD
“Por el sacrificio de un hombre valiente
serás para siempre libre…”
Iván José Rodríguez
Cada peón sucede al otro.
Regalan la luminiscencia al árbol
para que la clorofila torture a las hojas que viven abajo.
El cielo también se refleja en el vitrio de rojos ojos: de piel quemada,
de lunares camuflados,
de várices.
No todos los rojos son tan hermosos como la huequedad
─tal vez piensen los temibles rojos infinitos y voraces que no toman luz sino savia.
Y la savia les da la silueta de las hojas secas,
secas,
secas─.
Pero el verdor no se obtiene por el azúcar ni por el pan.
Ni se obtiene en el intercambio de tus coñazos.
A veces el pueblo puede ser un verde subdesarrollado que solo es un pan a medias. Ahora sin agua. Ahora con lo que desecha el sol cuando se sacia de lo caliente.
Han pasado varios inicios y varios finales.
Habría que sortearlos a ver cuál es el definitivo.
Siempre hay decimales que parecen decirte lo que falta.
Pero hay enteros que te permiten sentir un dolor.
Por la barriga.
Por la conciencia.
Pero no duele.
No se siente.
No se ve.
No llega la luz.
No llega el alimento.
Se acabó hace una persona.