Día 4: Ecuador
Por fin el día cuatro del viaje ya estaba en Ecuador, hasta ahora llevábamos un día de retraso pero no es nada que no haya sido previsible por hacer un viaje por carretera. Aún así, es ahora que venía lo bueno de los retrasos -es decir: grandes retrasos. Escribo estas líneas recordando cómo me sentía en el momento porque de la impotencia y ansiedad de este tramo del viaje fue poco lo que escribí en mis notas. Aún así, este tramo me sirvió de experiencia para darme cuenta de que hay formas más fáciles y baratas de viajar por tierra pero como yo era novato en el asunto, pagué un paquete completo desde Venezuela que me llevaría a Lima, grave error y en esta publicación en forma de relato y de guía te diré porqué.
Llegamos a la frontera a eso de las nueve de la noche
(misma hora en ambos países) y no fue sino hasta las dos de la mañana que todos los del grupo teníamos nuestro pasaporte sellado de la entrada a Ecuador. Este trámite o proceso migratorio fue de los más largos que viví en todo el viaje. La cola de venezolanos intentando entrar a Ecuador para seguir a sus otros destinos o quedarse incluso en Ecuador era inmensa, eso me hace pensar que es un pequeño porcentaje el de venezolanos que se quedan en Colombia, al parecer la mayoría busca más su lugar hacia el sur.
Como nosotros habíamos pagado un paquete desde Venezuela hasta Perú (y algunos hasta Argentina), una vez culminado nuestro proceso migratorio, debíamos esperar las instrucciones de nuestro guía que nos llevaría al siguiente bus a tomar. Bus que nunca apareció sino a las tres de la mañana que el guía resolvió un bus que nos llevaría hasta el terminal de Riobamba (ni idea de la existencia de ese nombre hasta ese día), así que el guía contrató unas vans que nos llevarían al terminal de esta zona fronteriza donde estaba un bus. Una vez estando ahí, abordamos la unidad y el chófer dice que él no va a arrancar la unidad porque no le han pagado. A todas estas, el supuesto guía no estaba con nosotros porque fue a buscar al resto de personas que se irían en ese bus también.
Entre tanta espera, dos personas del bus y yo nos animamos a ir a la frontera a buscar al guía que debía estar ahí recogiendo gente. Pagamos un taxi. Llegando nos dicen que él ya arrancó hacia el terminal. Agarramos un taxi de regreso que nos deja en el terminal, para nuestra sorpresa, el terminal real no es en donde estaba nuestro bus, nuestro bus estaba en una calle escondida cualquiera frente a una estación de bomberos, cabe acotar nuestro pánico en el taxi porque ni el taxista ni nosotros sabíamos con exactitud a dónde teníamos que ir. Por suerte vi una calle que me pareció conocido, nos metimos ahí. Entre tanta vuelta llegamos, el señor guía habló con el chófer y se entendieron (incluso se metieron con los venezolanos), mientras nosotros esperábamos arrancar. El autobús partió a las seis de la mañana. Ni me di cuenta porque me había quedado dormido. Desperté desorientado y sin encontrar varias de mis cosas que habían terminado en el suelo de mi asiento.
Puente internacional de Rumichaca, frontera Colombo-ecuatoriana
Una vez despierto,
me dediqué a observar el paisaje que nos rodeaba y abrir la ventana cada vez que pudiese, pasando por varios micro-climas que compartiré ahorita en fotos:
Una de nuestras paradas
para desayunar fue bonita porque unos músicos autóctonos ecuatorianos ambientaron el lugar con versiones de música moderna a su instrumental. Entre esas versiones estaba Despacito, momento que solo me pudo recordar el reto y vídeo de acerca de lo internacional e icónica que fue esa canción (de hecho la escuché durante el viaje cada vez que pude)
Riobamba, cuatro de la tarde
No recuerdo si esta iglesia es parte de Riobamba o solo cercana
Llegamos a Riobamba. Bajamos nuestras malea para abordarlas en el siguiente bus. Pedimos unos minutos para comer porque llevábamos horas sin comer bien. El chófer nos dio 20 minutos. Estábamos comiendo en el local de enfrente y todas nuestras pertenencias estaban en el bus. Pasaron doce minutos y el chófer arrancó el bus, sin nosotros. Tuvimos que perseguir el autobús hasta cinco cuadras más adelante. Esto ocasionó trifulcas entre varios pasajeros y el chófer que nunca pudo darnos razones de su partida. Incluso la policía llegó más adelante porque un ecuatoriano llamó a una patrulla con la excusa de que nosotros los venezolanos estábamos retrasando su viaje.
Durante el viaje el chófer no respetó las paradas reglamentarias para ir al baño y tampoco los excesos de velocidad. Las curvas del páramo las tomó a 80 km/h cuando en una carretera de dos canales, ese autobús ocupaba un canal y medio. A un costado solo había un barranco cubierto de la densa neblina. Nada veíamos y el chófer seguía dándole chola.
Esta fue la última parada con ese autobús antes de que nos dejara a las once de la noche en el terminal de Guayaquil.
Ya va un día en Ecuador, faltan dos.
—FIN—
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