El telón para mí se abrió el 10 de abril de 1993. Desde entonces mi aura se ha ido llenando de pigmentos, letras, acordes, grafito, danza, que me han brindado transformación, evolución y crecimiento como materia viviente que soy.
Mi vida es la obra que no me canso de hacer, siempre llega un acto que me sorprende y mueve mis bases para probar mi resistencia y tenacidad. Escenas han marcado mi ser y muchos personajes secundarios me han sumado enseñanzas valiosas, unos se han ido, otros permanecen y otros simplemente son inmortales en mi historia.
Soy un ser que tiene la fortuna de meterse en otras pieles, un camaleón, de mimetizarme en otros mundos, los cuales han expandido el mío propio. He llegado a lugares oscuros, áridos, tormentosos, a sitios desconocidos que me han dado reflexiones profundas, brindándole a mi alma, luz.
Con el teatro me descubrí por completo, me conocí entera. Las tablas me mostraron y me hicieron parte de su magia, me abrigaron en la calidez de un nido de creatividad infinita y también lo tremendamente placentero que puede ser el aplauso. Esa caja negra ha llenado mis sentidos de inexplicables sensaciones gratificantes.
Soy arte y todo lo que he llegado a hacer, a experimentar, han innovado mi perspectiva del mundo que hoy me rodea. El teatro, la escritura, la lectura, la pintura, incluso, hasta la música, me han dado herramientas para crear y ser un artistas que siente un profundo amor por lo que hace, que son mis alas y me permiten volar cada vez más alto y surcar nuevos horizontes. El arte me da también la posibilidad de ser una mejor persona, una mejor versión de mí cada día.
Esto es lo que soy yo, o al menos una parte, esto es lo que ofrezco. Mi arte contiene mi corazón y mi alma y abro las puertas para que lo conozcas.