Mamá
ordena todo y no ordenes nada,
preocúpate por mí,
despreocúpate por donde estoy,
regáñame como cada día que pasa y observa
el amanecer, las lágrimas de los pájaros,
el ladrido de las nubes cuando se molestan de madrugada.
Cuida tus hábitos descuidando los míos que poco importan,
ámame cuando me abandonen.
Tienes que dejar las amarguras
dejarlas.
Si cada noche sonrieras, mamá,
nunca más nos faltaría el café
ni el dulzor de un día completo.
FL