Al sentirnos aislados de otras personas es un factor que aumenta la mortalidad, obesidad y alcoholismo. El autoaislamiento afecta la calidad del sueño, tiende a aumentar los síntomas depresivos y el estrés. Ese sentimiento de soledad representa en la actualidad un estigma socialmente poco aceptado, sentirse solo no implica necesariamente que al reunirnos con una gran cantidad de personas ese sentimiento va a desaparecer, nada más alejado de la realidad, la soledad tiende a ir disminuyendo cuando pasamos tiempo de calidad con familiares y amigos o al pertenecer a cualquier comunidad.
A lo largo del tiempo el ser humano en su evolución ha logrado convertirnos en seres sociales, los cuales crean organizaciones que van más alla del propio individuo, y van desde la familia hasta comunidades nacionales o globales. Nuestro cerebro al sentirse o tener una sensación de aislamiento responde al mismo con un mecanismo de autopreservación. Un buen ejemplo de esto es cuando al convertirnos en adultos creemos o pensamos que nos volveremos autónomos y solitarios, por el contrario al crecer vamos a depender de otras personas y a su vez otras personas también dependeran de nosotros. Si alguna vez llegamos a sentir aislamiento debemos reconocer y darle la importancia necesaria a esa situación y reconocer el efecto negativo que esto le producirá a nuestro cerebro, y a su vez a nuestras relaciones tanto con otras personas como con el entorno en el cual nos desenvolvemos.