Samantha una Golden Retriever quien fue mi regalo por parte de mi hermana, la recibí en mi apartamento hace 9 años, un dia 7 de abril. Tengo que decirles de una manera bastante jocosa que no es nada fácil controlar un cachorro de esa raza, son un destructor andante y comen como si se fuera a acabar el mundo.
Pero todo es compensado con una de las particularidades de los Retriever; su inteligencia, es realmente asombrosa, no fue nada difícil de educar y muchas cosas las aprendió podría decirse por instinto. A media que fue creciendo y fue adaptándose a mí, era capaz de saber las cosas que me molestaban, aunque igual hacia cuando estaba sola.
Con el paso del tiempo te vas dando cuenta que los animales poseen una personalidad muy definida, tanto que los conviertes en uno más de la familia. Yo la describiría de la siguiente manera: inteligente, cariñosa (al punto máximo), obediente, amante empedernida de la playa y fiel.
Tuve que dejarla en casa de mis padres por motivos de espacio, mientras culminaba mi universidad, y es imposible explicar la sensación de verla, feliz de verme otra vez después de tantos meses. Siempre esperando y lista para un día de playa.
Los años fueron pasando y mi niña se convirtió en una adulta e igual que nosotros los humanos sus actitudes también. Esa loca que corría todos los días por todos lados, que nadaba y nadaba en la playa sin cesar, que mordía y destruía todo, se transformo en alguien tranquila, que pasa sus días descansando y buscando afecto del primero que apareciera.
Mis padres siempre dijeron que a Samantha solo le faltó hablar para llevarla al colegia y aunque ya no se encuentre con nosotros siempre estará en mi mente como mi primera niña, la princesa de la casa, una más de mi familia.