Hoy me fui a La Fragua, en San Antonio de los Altos, porque la coordinación de montaña de la Federación Venezolana de Atletismo estaba haciendo el chequeo para el suramericano de montaña que será en Bolivia en abril. Yo estaba optando por la distancia de 16.4 kilómetros y debía completarla en 1 hora 40 minutos. Suena claro en papel, pero la montaña siempre tiene la última palabra.
El terreno estaba fuerte, técnico, y la altitud se hizo sentir. En una de las subidas más exigentes mi frecuencia cardíaca se desplomó; sentí que me desmayaba al llegar arriba. Por un momento pensé: “¿será la edad?” Pero conversando con otra de las chamas me dijo que también le pasó lo mismo, y eso me dio tranquilidad. No era solo yo, era la montaña pasando factura.
No logré el tiempo mínimo. Ninguna de las que competíamos en esa distancia lo consiguió. Probablemente no quede en la selección; estuve lejos del mejor registro. Pero, ¿saben qué? Me divertí. Y eso para mí cuenta muchísimo.
¿Hay cosas por mejorar? Claro que sí. Constancia, disciplina y seguir afinando cada detalle. Sigo de la mano de mi coach Henry, que cree en mí, y esa confianza es gasolina pura. Mi último kilómetro fue durísimo, pero también fue una inyección de energía y carácter.
Como dice mi capi: vamos por más.
La felicidad no necesita filtro.