Llegué el martes al mediodía, todavía con el cuerpo cansado y golpeado después del Sudamericano… pero con el corazón llenito. Esa misma noche salí a correr con el equipo. Todo plano, suave, sin exigirme. Era más un “soltar piernas” que otra cosa. Y qué regalo fue eso. Me recibieron con un cariño que no se explica, con una vibra que te levanta el alma. De verdad, después de una carrera dura, volver a casa y correr con los míos fue lo mejor de la semana.
Nos tomamos fotos con la medalla, todos querían una, y yo feliz… porque esa medalla no es solo mía, es de cada uno de ellos. Incluso me tomé mi foto con mi entrenador, porque cada uno de mis logros siempre llevan su nombre.
No fui al gimnasio esta semana. La caída me dejó una molestia en la zona lumbar, y preferí respetar el proceso. Al final, el cuerpo también pide pausa: descanso, terapia y escuchar señales es clave para recuperarse bien
El miércoles me reencontré con Alex, después de dos años. De esos encuentros que te recargan. El jueves acompañé al equipo, pero hice mi ruta aparte, me tocó la Ruta Doris, no la hice completa por seguridad, como estaba sola mi entrenador le hizo una pequeña modificación. El viernes la lluvia cambió los planes… pero no las ganas: terminamos comiendo juntos, como siempre.
El sábado “descansé” (entre comillas 😅). Y hoy domingo cumplí con la instrucción de mi entrenador, hacer zona 2, sí o sí. Lento, controlado… incluso caminando si tocaba, cosa que no fue así, ritmo controlado y respiración suave, más la buena compañía, hicieron que se lograra el objetivo. Y lo más bonito: lo hice acompañada. Con Zully y Claribel, 10K perfectos.
Porque al final, correr sola me hace ir más rápido… pero correr acompañada de mi gente, siempre me llevara más lejos. 💙
Crea una vida que ames