Esta semana pre One Run empezó muchísimo más lenta de lo que esperaba. El lunes tenía gimnasio, pero amanecí con un malestar de gripe fuerte y preferí escuchar al cuerpo. Me quedé en casa descansando porque a veces también entrenar es saber parar.
En la noche sí fui a stretching, aunque nos tocó improvisar. La Plaza de Los Palos Grandes estaba full por el intercambio de barajitas del álbum de fútbol y terminamos haciendo la clase afuera de Parque Cristal. Honestamente, fue un regalo, porque nos acompañó un atardecer demasiado bonito, con un cielo naranja espectacular.
El martes no logré levantarme temprano para ir a pista, así que hice las series en Parque del Este. Me acompañó y, aunque tenía que hacer 10, solo pude completar 8 por el mismo malestar. Pero las hice a buen ritmo y eso me dejó tranquila. Entre series aprovechamos unos minutos mágicos de un cielo anaranjado precioso para tomar fotos y grabar videos.
El resto de la semana fue seguir entrenando mientras luchaba con la gripe: zona 2, Baden Powell, gimnasio, tecitos calientes en las noches y mucha paciencia. Hubo días donde respirar costaba más de lo normal, pero aun así el cuerpo respondió.
Y llegó la One Run. Yo juraba que iba “tipo farándula”, relajada, a ritmo suave… hasta que uno se pone el dorsal y cambia el chip. No fui al 100% competitiva, pero sí salió esa chispa. Terminé quedando a 33 segundos del podio y, aunque me dio un ataque de tos casi llegando a la meta, terminé feliz. Más allá del tiempo, le comenté a mi entrenador que me gustó sentirme cómoda corriendo, controlada, disfrutando el ritmo y entendiendo que el trabajo viene dando resultados.
Ahora toca seguir cuidándome porque la próxima parada es Petare… mi montaña.
La esencia no se copia