Teadoro "Cabeza" Roja
En cambio, hacía un calor der diablo y los hombres que llevaban el ataúd, se turnaban para tomar aguardiente. Por otro lado, las mujeres no paraban de señalar los culos de los hombres en traje o de hacer muecas horribles cuando miraban a otra mujer.
En su inocencia de niño, Milo creyó que hacían todo esto por admiración a Don Teadoro Roja, fundador del pueblo. El chico, confundido, repetía para sí: “Recórcholis”.
Como el camino al cementerio era más o menos largo, Milo iba y jugaba con otros niños, se adelantaba al grupo de gente o brincaba cerca del ataúd, como intentando llevarlo, hasta que los hombres lo echaban.
Milo no sabía por qué si la gente del pueblo se entretenía durante el funeral, él no podía.
Entonces el niño se preguntó en voz baja:
—Si están felices con Don Teadoro muerto, ¿qué pasaría si vive?
En su mente infantil, Milo creyó que la gente sólo estaba muerta si estaba dentro del ataúd.
Por eso, como si fuera un monito, empezó a brincar de un lado a otro hasta que se enganchó en las piernas de uno que llevaba al Don.
—Me llevan, me llevan los muertos—gritó el borracho al sentir a Milo encaramándosele.
Un bullicio creció entre la gente, y Milo pensó que lo estaban ovacionando. El niño se sintió tan superhéroe, que al poco tiempo logró llegar a los hombros de su árbol.
Pero, en breve, el árbol se tambaleó y cayó estrepitosamente. El ataúd, de mala calidad, se hizo pedazos, y para espanto de todos, Don Teadoro cogió un segundo aire, mirando con ojos punzantes a su gente.
—¡Muérganos! Yo jovencito de setenta años, ¿y me iban a enterrar?—exclamó el Don a todo pulmón, antes de quitarse la bata blanca que llevaba y corretear a todos desnudo.
—¡Recórcholis! Si se muere, se alegran; si vive, se asustan—entendió Milo finalmente al ver todo aquel caos.
Después de varias horas de susto, risas y chismes, resultó que a Don Teadoro no le habían mochado la cabeza, como habían contado las malas lenguas (que casi lo entierran) , sino la otra cabeza, porque Doña Loquicia, su mujer, lo había visto con la vecina una noche.
Desde ahí quedó como Teadoro “Cabeza” Roja.