Si
eres de los que ven el vaso medio lleno, entonces eres un optimista. Eres de los que cuando está nublado antes de salir de casa, mira por la ventana y piensa que no va a llover. La mueca dubitativa de tu cara donde tus cejas se levantan mientras contemplas las nubes, se tornan ademán de sonrisa al imaginarte corriendo bajo el sol.
Si
desde que te sientas en la cama por la mañana al despertarte hasta que te incorporas tu mente procesa más cantidad de pensamientos positivos que negativos, entonces eres una persona optimista.
Me siento descansado, he dormido bien.
No me apetece nada ir al trabajo hoy.
Hoy me voy a sentir realizado cuando termine la presentación.
Seguro que me pongo nervioso y lo paso mal.
Hoy cuando llegue a casa, lo primero que voy a hacer es cambiarme para salir a correr.
Si
cuando te gusta una chica en un bar piensas que vas a conseguir el teléfono en los primeros cinco segundos en que te quedas mirándola, entonces eres un optimista. La interpretación de su mirada fugaz la asimilas en tu cerebro como una mirada cómplice motivante. Voy a ir a hablar con ella porque puede ser que nunca me la vuelva a encontrar en ningún sitio. Si cuando conversemos durante un minuto me quedo mirándola fijamente a los ojos, seguramente nos verá en ellos reflejados. Nos verá en ellos, cogidos de la mano.