Cuando escuchamos la palabra criticar, algo en nosotros se activa. Tenemos un gusto por ella, es un placer culposo.
Por eso nos gustan los programas de farándula, los sitios como Filmaffinity donde se publican reseñas y críticas de películas, o las revistas de chismes y noticias amarillistas. Por eso los programas de talentos como "America Got talent" o "Factor X" son tan exitosos, porque vemos a jurados emitiendo sus opiniones sobre artistas, incluso el público puede influir en la decisión del jurado. Por eso las redes sociales son parte de nuestra cultura, porque nos dieron voz para expresarnos y evaluar a otros, apreciar el trabajo de los demás y hacérselo saber, estimarlos, analizar datos o emitir juicios. Nos dieron poder de hacer algo que nos encanta, que es inherente al ser humano: criticar.
Porque todo lo anterior que escribí es criticar. Como también lo es censurar, reprobar, reprochar. De hecho eso es lo que más no viene a la mente cuando leemos la palabra crítica. Porque estoy seguro que si viene tu mamá y te dice que Carlos te dejó por escrito una crítica a tu último trabajo de pintura, de una vez pensarás que rechazó el resultado y que señaló los errores que cometiste.
Asociamos la crítica con eso, con lo negativo. A pesar de que existe una tal “crítica constructiva”, en mi opinión, crítica es crítica, sea negativa o positiva, sea un elogio o una desaprobación. La esencia de la crítica es la opinión de alguien sobre algo. Se centrará en destruirlo o alabarlo, pero igual estará criticando. Criticar es opinar, evaluar, juzgar. Por eso repito, la crítica constructiva no existe, es una falacia. ¿Por qué? Porque el poder de construir o destruir no está en la crítica en sí misma, ni en quien la emite, está lo que le permite hacer quien la recibe. Déjame explicarte mejor mi punto de vista.
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Si María me escribe un comentario en Facebook donde me dice que estoy gordo y que esa camisa negra de rayas me queda espantosa. ¿Qué debo hacer ante esa crítica? Tengo varias opciones:
🔷 Sentirme mal y no salir nunca más de mi casa porque estoy gordo. Y si decido salir a pesar de mi “gordura”, jamás vestirme con esa camisa de rayas. Es decir, dejar que esas palabras me afecten negativamente.
🔷 Ignorar su comentario y tomarlo solo como una opinión personal de María. No estoy gordo, sino que ella me considera gordo. O quizá lo estoy, pero eso a mí no me afecta y tampoco lo hará el que alguien me lo diga, y menos en público. Y sobre la camisa, puede que no me quede fea, sino que a ella no le gusta cómo me queda. ¿si ves? Las críticas son solo eso, opiniones. Yo les doy el poder de afectarme positiva o negativamente.
🔷 Otra opción es considerar que María tal vez tenga razón y esté algo subido de peso. Solo que ella no lo supo decir o es su manera de decir las cosas. Entonces su crítica me hace autoevaluarme y tomar una decisión ante ese comentario. Pero más nada.
Supongamos ahora que Pedro me escribe por WhatsApp y me dice que mi manera de escribir es espectacular, que García Márquez tendría envidia de mí, que si sigo adelante podría ganar hasta un Nobel de literatura o algún otro premio importante. Que mis letras son exquisitas, mis poemas son sublimes y montón de elogios más. ¿Qué hacer ante esa crítica? Como en el caso anterior, tengo varias opciones.
🔷 Sentir que el ego se me infla y permitir que se me “suban los humos”. Volverme arrogante y soberbio, creído y con ínfulas de grandeza. Permito que esa crítica me afecte para mal, porque hace que pierda la humildad.
🔷 Pensar que Pedro está siendo irónico y que más bien me está queriendo decir todo lo contrario y que en realidad soy un mal escritor, que no sirvo para poeta. Por ende, me sentiré mal y no volveré a escribir. Esa crítica positiva, en teoría, no fue constructiva, más bien me hundió y me hizo dudar de mis capacidades.
🔷 Última opción. Recibir esas palabras con humildad, darle su justo valor, tenerlas en una balanza en su justa medida. Quizá confirmar lo que yo ya sé de mí mismo y reforzar mi concepto sobre mi talento. Agradecer el elogio, las comparaciones y hasta inspirarme para llegar a ese nivel que Pedro me animó. Y listo, ni más ni menos.
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¿Se dan cuenta? La crítica es solo una opinión, nada más que eso. La crítica constructiva es una falacia. No existe. Existe únicamente la crítica y tiene poder de construir o destruir solo si se lo permitimos. Son retroalimentaciones, opiniones y de ellas podemos enriquecernos. La intención de quien las emite es lo que en ocasiones no es positivo ni bienintencionado. Fuera de ello, tomemos la crítica por lo que es: mera información y percepción que alguien tiene de algo, en este caso, de nosotros o de algo nuestro. Los que critican, que se las arregle con su toxicidad o envidia, si es el caso, claro.
¿Qué opinas? ¿Existe la crítica constructiva? ¿Te consideras crítico, criticón? ¿Buscas destruir o construir a través de la crítica? ¿Cómo recibes las críticas que te hacen?
Te leo en los comentarios y gracias por pasarte por mi blog.
PD: atentos, que este tema lo adaptaré a los comentarios en redes sociales, en especial, acá en #Hive. Ese post lo publicaré desde la cuenta de .
