Exhaustos, terrenales o subterráneos, ignoramos el grito de color que al final de cada tarde se asoma para hacerse notar.
Anochece en Caracas, una vez más, y los colores se diluyen entre siluetas que se pierden con la cotidianidad.
Es ese momento, camino a casa, en el que me rehúso a ser una más del montón. De esos que pretende ignorar que hay una vida más allá del protocolo, y que tienen miedo a hacer frente a cuanto desafío se cruce por su camino. A veces es válido temer, salir de la zona de confort, pero ¿qué finalidad tiene la vida si cada día es igual al anterior?
Me rehúso a ignorar los pequeños detalles, esos que capturas desde tu asiento en el bus y se quedan contigo hasta que llegas a casa, solo para olvidarlos después.
Me niego, nuevamente, a seguir la hora pico y olvidar el significado de la palabra "libertad".