
Hoy mi domingo no comenzó con una alarma , fue más bien como una abrazo directo del cielo , sentía una alegría que no nace de las circunstancias, sino de la gratitud de poder despertar bien al lado de los míos, hice unas arepitas rellenas, me aliste y me fui a la iglesia con esa misma felicidad fui a rendirme delante de la presencia del Rey de Reyes. Qué necesario es vaciarse de uno para llenarse de su paz, de su infinito amor y de todos esos regalos qe tiene para cada uno de nosotros.

¿Sabes? Cada vez que asisto a la iglesia es una experiencia nueva , mientras la alabanza sonaba Dios ministraba mi corazón y me recordaba un sueño recurrente que tenía cuando era niña, yo veía una escalera muy larga Desde la tierra hasta el cielo y una mano Desde arriba me animaba a subir y en ese momento escuché la voz de Dios atraves de mi pastor y su esposa, no sé si han sentido que han soltado preguntas al aire y estás son respondidas por personas de su entorno, Fue sentir que el Señor me hablaba al oído, recordándome su propósito y renovando mis fuerzas.


La foto que puse de portada es muy especial porque es con mi hermana , Al mirar atrás, me veo a mí misma guiando tu mano pequeña, enseñándote el misterio de las letras y la magia de las palabras. Yo te enseñé a leer y a escribir, pero nunca imaginé que, años después, serías tú quien leería mi corazón con tanta claridad, hoy la jerarquía de "hermana mayor" y "alumna" ha quedado atrás para dar paso a algo mucho más poderoso: una amistad inquebrantable dónde nos conocemos tanto, que a veces las palabras sobran; un gesto o un silencio nos basta para saber qué está pasando por la mente de la otra. .
Si me preguntan en qué momento se me detuvo el tiempo, fue al ver a mi hija. Verla allí, entregada en su dramatización, fue ver el reflejo de la gracia de Dios en mi casa. Cuando se acercó con ese detalle... no pude (ni quise) contener las lágrimas. Ver a un hijo crecer en fe y amor es el regalo más grande que una madre puede recibir.


Para cerrar con broche de oro, disfrutamos de una tarde maravillosa en familia , almorzamos una deliciosa sopa y el postre no podía faltar un delicioso quesillo con un pedacito de torta. No fue solo sentarse a la mesa; fue sumergirse en una atmósfera de verdadera complicidad. Entre risas espontáneas y anécdotas que nos recordaron quiénes somos, el tiempo pareció detenerse para todos. Fue una tarde de esas donde las historias del pasado se mezclan con los sueños del presente, dejándome el alma rebosante de paz al saberme rodeada de tanto amor.







A veces pasamos la vida esperando milagros espectaculares, sin darnos cuenta de que Dios nos habla en el susurro de una alabanza, en la mirada valiente de una hija sobre un escenario o en la risa compartida alrededor de una mesa familiar.
Hoy entendí que la verdadera riqueza no se acumula, se vive. Se vive en esos momentos donde las emociones nos desbordan y nos recuerdan que estamos vivos por Su gracia. No permitas que la rutina te robe la capacidad de asombro; a veces, el cielo entero se manifiesta en un pequeño detalle y en el calor de los que amas.

"Las fotografías que acompañan este relato son de mi autoría; pequeños fragmentos de realidad que decidí capturar para que ustedes puedan ver este domingo a través de mis ojos."