En Margarita y otras regiones del oriente venezolano, aparece a veces La Chinigua. Es una mujer de bello rostro, que lleva el cuerpo totalmente cubierto por un grueso y largo manto negro, a la manera de las mantuanas de la época colonial.
La Chinigua se le aparece de noche a los pescadores y cuando ellos, cautivados por su bella sonrisa, tratan de abrazarla o le quitan el manto, se encuentra con que debajo de éste, sólo hay un montón de huesos que al entrechocar produce un macabro sonido, mientras La Chinigua suelta una carcajada.
La leyenda dice que este fantasma castiga a los pescadores que no cuidan la fauna marina, o pescan indiscriminadamente, despoblando el océano y dañando las especies de peces y mariscos; a quienes contaminan las aguas del mar, y también a los que irrespetan a la Virgen del Valle. Sin embargo, en ocasiones, La Chinigua se divierte asustando a gente buena, hombres y mujeres que no hacen daño a nadie.
Ese fue el caso de Chuíto, un robusto y bondadoso pescador del hermoso pueblo de Laguna De Raya, en Margarita, quien una noche estaba sentado cerca de su casa, tratando de pescar bagres. De pronto comenzó a sentir un miedo sobrenatural: la piel se le puso de gallina y sus cabellos comenzaron a erizarse, mientras extraños escalofríos de terror le recorrían el cuerpo. El pescador intuyó la presencia espectral de La Chinigua y resolvió largarse de allí inmediatamente, dejando para mejor ocasión la pesca de bagres.
Para ahuyentar a La Chinigua hay que santiguarse y rezar el Credo, la oración por excelencia para infundir temor a los fantasmas. Porque si se le insulta o se le maldice, persigue y tormenta para siempre a su ofensor.