Antes de nada, quería decir que español es un idioma directo y explícito, y al revés chino es eufemístico e implícito. Cuando hablo del amor en español es como narrar los cuentos ajemos, estoy mirando al lado, sonriente, sin hablar nada.
Lo que voy a contar es sobre la historia entre Ricardo y yo. ¿Por qué voy a compartir nuestra historia? Porque quería recordarla. Si yo olvidare en el futuro, podréis mencionar todo esto por mi.
Me despidió en la estación, dejó su coche con la puerta abierta... Me colgó mi mochila en la espalda y el móvil en el cuello. Le di muchos brazos y me acariciaba la cabeza, pero al final lo dejé sólo y salí de él. Me puse el auricular y empecé escuchar las canciones coreanas. Las canciones que me gustan, a él le parecen ruidosos; las que le gustan a él, a mí me parecen arcaicas.
Aunque somos del mismo 1994, no estamos en el mismo nivel de edad, él me parece un poco mayor.
Él se preocupa por muchas cosas, incluido el futuro. Al revés, yo siempre no pienso nada ni moverme. No sé qué voy a hacer en el futuro...
Me dijo que:¨Carmen, los restaurantes donde yo comía contigo y los hoteles donde vivía contigo no iré nunca jamás.¨ Y le respondí que:¨Lo sé, te entiendo... Y los sitios que yo estaba contigo me parecen como hubiese estado antes, sin embargo, es la primera vez que me conduces aquí.¨
La segunda vez que nos vimos, me cogió por su coche en Atocha. Era difícii encontrarlo. Me dijo que es un coche rojo. Lo buscaba y al final nos encontramos ante un semáfono. ¨¡Hasta luego!¨ Dije al desconocido que me señaló el camino. Oí el sonido del motor de su coche es como el mugido de un toro enojado, me asustaba.
Y más tarde sabía que, él tiene más casas que pueden asustarme. Lo más horrible es su ronquido, que es mucho más ruidoso que el trueco. Una noche dormí menos de dos minutos a su lado, pero realmente sin quejar nada ni lo odiaba. Sólo lo abrazaba y yo sentía el silencio...