Hay momentos en la vida donde uno le grita a Dios: "¿Hasta cuándo, Señor?" Yo lo he hecho. Muchas veces. En noches largas donde el dinero no alcanza, donde los problemas se amontonan y parece que nadie te escucha.
Pero hoy quiero compartirles algo que me cambió la forma de ver las cosas.
En Juan 11, Lázaro estaba enfermo. Sus hermanas Marta y María mandaron a buscar a Jesús para que lo sanara. ¿Y saben qué hizo Jesús? Se tardó. No fue corriendo. Esperó DOS DÍAS más antes de ir.
Cuando llegó, Lázaro ya llevaba CUATRO DÍAS muerto. Marta le dijo llorando: "Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto."
¿Cuántas veces hemos dicho eso? "Dios, si hubieras actuado antes, esto no me hubiera pasado."
Pero Jesús no se tardó porque no le importaba. Se tardó porque tenía un plan MÁS GRANDE. No iba a sanar a un enfermo. Iba a RESUCITAR a un muerto. Iba a hacer algo que nadie se imaginaba.
Y eso es lo que Dios hace con nosotros. A veces permite que la situación se ponga peor para que el milagro sea MAYOR. Para que cuando Él actúe, no quede duda de que fue Su mano.
Si hoy sientes que Dios se tardó, si sientes que ya es demasiado tarde para tu situación, recuerda a Lázaro. Estaba muerto y enterrado. Y Jesús lo levantó con una sola palabra: "¡Lázaro, sal fuera!"
Tu milagro no se canceló. Se está cocinando. Dios no llega tarde. Llega en el momento perfecto para que sea imposible darle el crédito a otro que no sea Él.
Confía. Espera. Y prepárate, porque lo que viene va a ser más grande de lo que pediste.
"Jesús le dijo: ¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios?" - Juan 11.40