La semana pasada fue una semana catastrófica en el metro, aunado a su usual mal funcionamiento, hubo un paro de transporte que ocasionó que la ciudad colapsara por completo, las colas eran inmensas y los servicios de transporte que quedaban estaban colapsados por la gran cantidad de gente movilizándose, o bueno, haciendo el intento de movilizarse.
Por lo general, lo lunes hay más retraso que los demás días, pero ese lunes fue una cosa de locos, en las estaciones no cabía ni un alma más. Normalmente está lleno el metro, pero es que ese día estaba rebosando, era increíble la cantidad de gente que había.
El problema es que igual tenía que hacer la cola porque tenía que llegar a mi trabajo, así que tuve que esperar alrededor de media hora antes de poder entrar (a los golpes) en un vagón. Además, el metro se quedaba unos 10 minutos entre cada estación y al llegar a ella tardaba 10 minutos más. Pero aquí no termina todo, los vagones cada vez están más descuidados y son muy pocos los que tienen aire acondicionado, así que se pueden imaginar el calor que hacía. Eso provocó que muchas personas se desmayaran, para que se hagan una idea, sólo en mi vagón se desmayaron 4 personas ¡en estaciones diferentes! Es decir, ese día llegué con 3 horas de retraso al trabajo (por supuesto tuve mi regaño).
Pero ahora se preguntarán cómo es que puedo llamar “mi mejor día en el metro” y aunque parezca algo loco, se los explicaré para que me entiendan. Nosotros los venezolanos tenemos el don (o tal vez la maldición) de encontrarle un chiste a todo, creo que no hay una situación que no le podamos encontrar un chiste, sobretodo en momentos de crisis. En el vagón donde yo iba, aparecieron muchas personas que deberían trabajar de comediantes, nos hicieron reír de una forma increíble, algo que nunca me había pasado en el metro, y que, quitando todo lo malo, fue algo grato convivir de esa forma. Así el viaje se nos hizo más llevadero para todos y evitamos caer en una crisis nerviosa de tanto estrés.
Pero todo esto me dejó mucho en qué pensar, sobretodo en una pregunta que nos hacemos muy a menudo, la cual era la siguiente:
¿Será que porque nos reímos de todo es que no podemos salir de esta situación en la que estamos?
Y de tanto darle a la cabeza, llegué a una conclusión muy personal, llegué a mi conclusión, y es que, según yo, si hay que echarle la culpa a algo, no creo que deba ser nuestra capacidad de reírnos, incluso, no creo que sea justo darle la responsabilidad a una sola situación en concreto, por las crisis se dan gracias a un cúmulo de situaciones que conspiran en conjunto, y aunque creo que sí juega un papel mu decisivo, no es por completo culpa de la risa, es más, creo que gracias a esa actitud es que podemos sobrellevar nuestro día a día, porque de no tenerla, serían muchos los que hubiesen optado por dejar de vivir, pero como les dije al principio, esta es sólo mi opinión.
Ahora me gustaría que me respondieran una pregunta: