Fue en el 2014, principio de año, cuando nos conocimos. Ni él sabía que yo existía ni yo sabía de él. En medio del dolor por la pérdida de un ser querido nuestras miradas se cruzaron. ¿Amor a primera vista? Quizá solo fue una atracción de momento. Nos distanciamos un par de meses. Luego nos volvimos a encontrar. Nuestro primer tema de conversación fue “el espiritismo venezolano”. A él le atraía el tema. Yo llevaba una gran ventaja sobre él. Nuestra comunicación empezó a crecer mediante la red social Facebook. Vinieron los escapes de un amor sincero. Las luchas ante el qué dirán, las críticas de las amistades y las que más duelen, la de la familia. Pusimos de nuestra parte.
La playa de mi ciudad fue testigo de las escapadas. La luna siempre brillante nos recordaba que al final de todo mal día habían muchas luces que brillaban: las estrellas. Aprendimos juntos que el amor no solo es juntar nuestros cuerpos y cubrirlos por la suavidad de las sábanas, sino batallar juntos y darle frente a las adversidades. Hoy en día nos conocemos mucho más, no al cien por ciento, pero nos hemos convertido en uno. Dándole a demostrar a todos que no importa la raza, el color, las creencias, ni el sexo que seamos para ser felices, para transmitir amor sincero, para alegrarnos después de cada discusión, para soportar nuestras diferencias y cosechar nuevos frutos que nos deleiten el paladar del alma y el corazón.
El amor es una magia que solo los valientes podrán comprender y perseverarlo.
Fuente fotográfica: Albúm digital del autor.