La vida nos mantiene en un proceso constante día a día, momentos continuos que nos permiten crecer como personas, viendo el lado positivo y sacándole provecho a las decepciones, frustraciones, enojos, tristezas, alegrías, metas alcanzadas, melancolías. Esa dualidad emocional a la que estamos sometidos tiene una función única: Fluir desde nuestro amor personal.
Nuestras acciones componen el mundo que nos rodea, y en cada uno de los movimientos que ejecutamos, debemos procurar encontrar armonías que generen equilibrio entre nosotros y el entorno. Esa energía que implementamos en cada cosa que hacemos, es la que nos permitirá mantenernos sin caer.
Al buscar nuestra armonía generamos estabilidad ante todo, y el resultado de eso es una extrema belleza, es lo único y más valioso que necesitamos para amar a otros. No somos nuestros conocimientos, ni nuestras habilidades, somos lo que hacemos, nuestra actitud es lo que nos da valor, que se construye de todo eso que vivimos día a día.
No es egoísta que cuidemos de nosotros mismos, que nos amemos, no podemos equivocarnos de esa manera. Si le damos todo a la persona amada, ¿qué quedará de nosotros? Permitirnos tal agresión es no escuchar las necesidades propias. Debemos incorporar el cuidado propio a nuestras acciones diarias, es el código que caminará durante todo el recorrido de nuestras vidas, escuchando internamente la mejor versión de nosotros podremos ofrecer con éxito todo lo que somos a nuestra elección de vida.
Gracias por leerme... un cartel poético más, de los presentados en mis funerales oxidados.
La sinfonía de la armonía
Sonrisa de la inocencia cautiva
a la prez guiará,
con sus alas hará brillar.
La luz del día oscurecerá,
lo sombrío ha de atenuar,
los juegos permanecerán.
Miedo a lo intangible,
compromiso con el destino,
promesas que no se cumplirán.
El amor y la verdad siempre estarán,
caminando los días con armonía,
estando en blanco nuestra sintonía.
Mientras nuestra sinfonía con escalas desconocidas,
notas aún no compartidas.
La piel de la música se conservará,
los ojos se cerrarán,
caerán en el vacío los oídos,
al escuchar nosotros mismos la sinfonía.