Quizás el titulo de este post puede generar polémica. ¿Cómo puede ser que una desgracia termine siendo un motivo de inspiración?
Les cuento, el 15 de diciembre de 1950 quedó grabado en la historia de familiares, amigos y conocidos de 25 jóvenes que estudiaban en el colegio San José, ubicado en el estado Mérida, zona andina y montañosa de Venezuela.
Ese día, estos muchachos salían de viaje tras culminar su jornada de formación como cada año, era el momento del periodo vacacional correspondiente.
Tristemente, el avión que los trasladaba se precipitó a tierra, específicamente en el Páramo Los Torres, estado Trujillo. Una verdadera desgracia…
Tras enterarse del hecho, el padre José María Vélaz S.J, se dirigió con las autoridades de Defensa Civil a rescatar los cuerpos de los noveles estudiantes.
El padre quedó desconsolado. No podía creer lo que había sucedido. Mientras recogía los cadáveres, cuentan que el padre Vélaz se trajo, él mismo, las hélices del avión siniestrado.
Esas hélices están colocadas hoy en lo que es la casa de retiros “San Javier del Valle”.
Esta casa de retiros, fundada en 1951, se construyó con el objetivo de homenajear a los jóvenes mártires que perdieron la vida hace más de medio siglo.
Este recinto es un espacio espectacular, un sitio en el que la búsqueda de la paz y el encuentro con Dios está garantizado.
La casa cuenta con dormitorios, cocina, salas para realizar reuniones, una capilla maravillosa a base de madera pulida y áreas verdes que coadyuvan los procesos de meditación.
No es un lugar triste, de hecho el monumento que invita a recordar a los muchachos es un espacio para inspirarse, para recordarlos con alegría y con sentimiento.
Estoy seguro que, tal y como lo pensó el padre Vélaz y su equipo, la intención es que, en medio de una desgracia, la inspiración y la motivación puede llegar a florecer.
Fotos tomadas con mi dispositivo móvil Samsumg Galaxy SIII.