De niño el caminante se encontró con un pequeño libro sin pasta, sin título; apenas sabía leer lentamente, llevando la secuencia con sus dedos, aún no lograba llevar el hilo con la vista; la frase que evito volver a abandonar aquel mísero librito fue: “Cada lector siempre recordará aquellos versos donde se olvidó de su camino, por sentarse a recrearse de las letras transportadoras a mundos desconocidos”
El abuelo de la playa, sintió gran nostalgia al ver el libro que le presentó el caminante; le dijo que así se presentan las señales, del universo, creación de Dios. Cuando te interesas por algo que capta tu atención, es sólo cuestión de tiempo y de atención para entender los mensajes que debes conocer; porque el camino personal va a ser el resultado de las acciones, que no de las intenciones.
Lo mismo ocurre al viajero cuando parte a la aventura con la naturaleza, una agencia de viajes o una revista le puede dar algunas bases conocidas, pero el instante mágico de encuentro con lo sorpresivo, nadie se lo puede adelantar, pues el sentimiento hace parte del presente, y la experiencia puede llegar a ser única y personal. La Biblia dice en el salmo 150: “Alaben al Señor, ustedes los que están sobre la tierra, todos los animales marinos y profundidades oceánicas”
El libro al final le presentó al caminante otra frase que tardo años en comprender: “A propósito de amores -decía- elige compañía con aquella que te bese el corazón; pues la piel cualquiera la sabe besar”
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