ESCRIBIR ES MI PLACER. EXPRESIONES LITERARIAS
Mi mesa de madera está en su puesto, en su justo lugar, en la sala, ella ocupa un sitial de honor en mi casa, es mi nueva compañera, ella no es de oro como las referentes imperiales suelen tener para mostrar la supremacía de su poder con ese boato arrogante despampanante. Mi mesa es de madera. Eso sí, allí se debe lucir organización, debo limpiarla permanentemente con el aceite de almendras con la misma frecuencia energética y no atiborrarla de libros y cuadernos con la mala praxis de algunos docentes que tienen sobre las mesas de los comedores todas las carpetas de la planificación y la evaluación del trabajo educativo. Mi mesa es una organización de la referencia individual, de mi trabajo intelectual con el que a través de ella planificó civilizadamente mi cultura proyectada hacia el universo a través de mi planetario para escanear el espacio sideral, considerando que yo y mi planeta tierra somos parte integrante del sistema solar, mi galaxia, mi constelación de Orión y la estrella Sirio, mis huecos negros y mis nebulosas, somos una cosmogonía que se mueve y gira permanentemente. De que gira, gira... dice el extraordinario espíritu de Galileo Galilei.
Mi mesa de madera me da la oportunidad de escribir y transcribir mis pensamientos y las vivencias diarias que parecen eternas, estas vivencias las percibo con autenticidad, las veo aquí conmigo, son de hoy. A veces creo que fueron ayer, pero las veo en el hoy porque están en mi piel y mi alma, con una textura conformada como una malla, con una transparencia textual, como unos micros que pasan vertiginosamente sobre mi memoria.
Desde mi mesa de madera funciono con la operatividad de mi piloto automático incondicional, el motor lo enciendo y me desplazo con suave y pertinaz vuelo a disfrutar mi felicidad y la dulce vida en el planetario Orinoquense con las abejas, la miel, la frecuencia rítmica de las chicharras, ellas son mi termómetro, me escanean y me sanean la piel espiritual y la piel material.
También los turupiales son parte integradora de mi convivencia con el paisaje. Los turpiales crecieron por la amenaza de la pandemia, ellos tienen unos hambrientos rapaces, los gavilanes, los piarros y los gavilanes, esas son las aves de rapiña que vuelan se desayunan, los huevos y los pichones muertos de hambre que anuncian sus pillidos en la costa de la laguna.
Desde mi mesa, mi mesa dirijo mi programado destino, mi situación particular está dispuesta con amor, con los mínimos detalles son sencillos a continuar con mi permanente labor de ser un obrero que todos los días abre sus alas libertarias para aportar con mi sudor humano la construcción de la civilización del amor. A mi mesa le voy a otorgar un precioso regalo, es una novedad. Todo regalo es una sorpresa. Ella resalta en mi sala por el color del pino caribe tropical. Es una madera cultivada en Uverito Monagas, Venezuela.
Mi mesa me permite disfrutar del placer de escribir con la pluma de la libertad, los acontecimientos con el imaginario, la lírica. Mi planetario jardín tiene la presencia dominante de un indio guapo que protege a mis oréganos con sus ramas que son como unas cascadas que caen al suelo para bañar a mis calas, mis lirios, mis orquídeas de tierra, una rosa roja con los jengibres, la cúrcuma, la piña enana que es como una flor y el aloe, las tres gardenias conforman la caminería de la entrada del portón, la coroba, el neem y los dos árboles de riñón o anón le dan buena sombra a mi planetario jardín. Todos los días me dan buenas sorpresas con la belleza de las refulgentes clorofilas de sus plantas. Mi planetario jardín lo amo. Allí tengo mis lirios rosados que florecen como lámparas, las calas que no han florecido, les cambie la tierra con abono nuevo,
La novedad son los bonsáis, el samán que me regalo mi primo Fenier en la urbanización La Isabelica de Valencia, a orillas del lago de Tacarigua. Plante el caracaro, el quiebrahacha y los tres granados. Mi jardín de bonsáis. Tengo programado en mi pensamiento ampliar mi jardín de bonsáis, la proyección que tengo es conformarlo con el herbolario de mi planetario Orinoquense. Esta es una flora que habita en la inmensa geografía constituida por las selvas, las montañas y las sabanas del río Orinoco, esta flora cubre con su abanico las selvas del Amazonas hacia el sur del río Orinoco y en dirección del norte los llanos colombianos y venezolanos. En muy ambicioso el proyecto, en una oportunidad elaboré un herbolario de mi región Orinoquense.
Mi mesa de madera no es un flamante escritorio ejecutivo, lo declaro con dignidad, no está construida en mi pensamiento para confrontar a los exquisitos escritorios que cumplen con sus talentosas tareas presidenciales, diplomáticas, jurídicas y militares. Fue concebido y parido para escribir, mi mesa de escribir no es una biblioteca, ni un promontorio de libros y textos apilados que le pudieran obstruir las funciones a mi mesa. Ella no es un dormitorio ni una cama. Por favor, eso sería una descarada forma de demostrar la precaria forma de encubar un sedentarismo infecundo. Mi mesa es para escribir sobre el papel y para escribir con mi computadora. Con mi mesa cumplo el sagrado oficio de escribir las letras sobre el papel.
Mi mesa de madera me exige que salga a la calle Riobueno a ver el sol con el cielo azulado diamantino y el paseo de las nubes que van hacia el Orinoco. Mi mesa de madera me exige que disfrute de las luces de la luna, del plenilunio, del menguante y del creciente que reciba las abluciones de las estrellas. Ella me induce a meditación a mi grama en mi jardín a escuchar el mantra de la noche por donde va la música sinfónica del movimiento de los astros.
Mi mesa de madera es mi asistente, mi principal colaboradora sobre ella me sostengo para mejorar mi proyecto de vida. Ella es mi brazo ejecutante en mi planetario Orinoquense con ella me escaneo y escaneo las profundidades del universo.
Mi mesa de madera es parte de mi alma como son parte los cuadernos, los bolígrafos y mi computadora Canaima. Les amo. Esto es una significativa y resaltante declaración universal de amor. Ellas son parte de mi cotidianidad, no puedo desprenderme tan fácilmente de ninguno de ellos, siento un determinante apego funcional. Por las mañanas me siento en la silla y escribo en el cuaderno y en la computadora. Escribír es mi placer. Me mantengo en contacto con ellas. Por las noches también las reviso con normal condición de mantener mi imaginario proactivo creativo.
¡Te amo mi mesa de escribir!
REFERENCIAS: Las muestras fotográficas tomadas con mi teléfono Redmi Note 7 son de mi propiedad patrimonial.
Las muestras fotográficas de las orquídeas y de los bonsáis son parte de mi planetario jardín.