¡VENCÍ AL ZOMBI! EXPRESIONES LITERARIAS
¿Recibiste el mensaje Julián? Le pregunté. Estamos invitados a una asamblea con los vecinos en la comunidad de La Broma. Llegue a su casa preguntándole.
–Si yo voy me estoy preparando para asistir a ese evento. Me respondió con un acento muy seguro levantando el rostro hacia el cielo.
–Retorno en la tarde, voy a realizar unas diligencias personales y vengo para ver cómo está tu organización para partir hasta La Broma. Regrese en la tarde hasta su casa y lo conseguí acostado en el piso del patio.
¿Que te paso? ¿Que tienes? Le pregunté preocupado por el estado en que se encuentra.
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–No tengo nada, son unos gases que me producen muchos dolores de barriga, eso pasa rápido, la hernia también me duele mucho, estoy tomando un guarapo de anís, mañana estoy bien para asistir a la asamblea, eso no es nada. Él adujo.
–Usted en esas condiciones usted no va, usted se queda. Le aseveré.
–No tenga nada, eso me pasa siempre y se me quita rápido. Yo voy contigo a cumplir con mi compromiso en nombre del señor. Asevero Julián con una paciencia de roca.
–Respeto tus creencias, pero en esas condiciones no puedes viajar. Insistí.
–Yo voy. Porfió Julián.
–Fuiste al hospital. Le pregunté.
–No, voy más tarde.
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–Vamos al hospital. Insistí. –Voy más tarde, esto se me quita en nombre del señor. Dijo él. Me despedí de Julián y de la familia. Al llegar a mi casa almorcé y después de reposar un rato revisé mis cuadernos de apuntes, en uno anoto mis relatos de los acontecimientos y hechos más trascendentes, en el otro apunto lo que aflora mi alma lírica, los poemas.
Por la mañana muy temprano, después de meditar y regar las bellas plantas de mi jardín planetario, despegue con mi piloto automátincondicional, disfrutando de lo agradable de la mañana con el cielo compuesto de un conjunto de nubes balsinas que viajan con formas de curiaras de Este a Oeste abrazadas con el viento. Me apersoné como un turbo en la residencia de Julián. ¿Como está la salud de Julián? Le pregunte a los morochos hijos de Julián estaban inyectados en las computadoras, me miraron automáticamente con los ojos desorbitados como un par de autómatas no respondieron. Solicité nuevamente.
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–¿Cómo está su papa? –Salio con mi mama para el hospital se lo llevaron en una moto porque el dolor no lo deja caminar. Respondió el morocho Roberto, el otro morocho permanece en silencio absorto en la computadora inhalado por el monitor de la computadora. Respire suave y profundamente y me dirigí hacia el hospital a ver la situación delicada de salud. Por la calle me conseguí a los familiares que caminaban como bachacos desbarbados y le pedí información a una sobrina.
–¿Cuál es el diagnóstico de Julián? Él está hospitalizado en la Emergencia, está muy delicado, le están haciendo unos exámenes y unas placas porque lo van a operar de emergencia. Mi tío no está bien. La sobrina Luisa María continuó por la calle muy apresurada como alma en pena.
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Me dirigí hasta el hospital, al llegar me encontré a Rogelio con una muchedumbre en el frente del hospital, me topé con cuñado de Julián, me aseguro que él tiene la hernia estrangulada. ¡Vertebra! Eso para mí no es novedad, lo curioso es que Julián tiene la hernia estrangulada y él piensa continuar trabajar en esas condiciones. Él dice que no tiene nada, tiene los riñones bien grandes como los pulmones. No juegue. Ese viaje iba a ser una epopeya épica. Ese viaje está suspendido. El cuñado se fue sin despedirse, logre entrar a la emergencia del hospital que tiene un ambiente guerra, aquello parecía un terminal de la frontera de Venezuela y Colombia. Me acerqué a la cama, el paciente está sedado con un suero y unas sondas intravenosas. Tengo dos tapabocas. Lo acompañan su esposa y dos sobrinas.
–Dentro de un rato le van a realizar un ecosonograma para descartar complicaciones, tiene la hernia estrangulada y una obstrucción intestinal. Dijo su esposa Úrsula.
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Salí del recinto hospitalario y me fui a almorzar a mi casa y retorné en la tarde. Llegando a la puerta de la emergencia del hospital, escuché un profundo lamento que salía del interior del espacio.
–Ese es mi tío Julián que no quiere que le coloquen las sondas gástricas, la sonda urinaria se la pusieron y él se la saco. Dijo una de las catorce familiares que estaban afuera acompañándose resignadamente a esperas de la intervención quirúrgica del paciente, los alaridos eran continuos. Por la calle venía otra hermana del paciente con una hija que venía a darle “alientos” a su tío, ella caminaba de arrastre con un collarín y un fuerte dolor de cervical que no la dejaba caminar, ella se moviliza recta como una momia agarrada del brazo de la madre con la mirada hacia el cielo con los ojos que van a salir de los cauces y la madre investida con el sopor del dolor de la hija.
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Así las dejaron realizar la visita porque el portero creía que era otra emergencia de esa familia, con esos “alientos” parece que se viene a despedir de este fascinante mundo terrenal, lo que dan ganas es de correr con esos episodios dantescos que no ocurren ni en las películas de terror.
–Cuáles son los diagnósticos médicos del paciente Julián? Les pregunté a los familiares y al amigo Rogelio.
–Estrangulamiento de Hernia y Obstrucción Intestinal se están buscando los requerimientos necesarios para la intervención urgente, pero mi tío Julián dijo que él no se va a operar porque no tiene nada. Lo van a operar a las cinco de la mañana, pero no se ha dejado colocar las sondas cuando se la colocan se las saca. Está como perturbado.
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–Ni las parturientas primerizas han berreado tanto como Julián, ese lo que tiene es miedo. Ese hombre es cobarde. Le dije a los familiares.
Me despedí y regresé hasta mi casa a cenar porque viejo no puede aguantar hambre y viendo las consecuencias de ese obtuso paciente que son muchos los ayunos que ha realizado, ni loco voy a aguantar hambre. Cene revise mis cuadernos y me acosté a dormir. Me despierto, me aseo, salgo al planetario jardín a meditar, a rellenar de oxigeno mis pulmones, riego con aguas, mis preciosas plantas, desayuno. Salgo con mi piloto automático incondicional impregnado del amor universal por mi calle Riobueno ascendiendo para descender por la calle Guaniamo y llegar a la calle Carabobo y tocar la entrada del hospital.
–Buenos días, señorita, te amo. Le saludé era Luisa Maria, me miro en silencio a los ojos, no sé qué piensa en este momento, en sus manos tiene la prenda del celular.
–Que paso con la operación del paciente. Pregunte.
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–Estamos esperando a la cirujana, mi tío no se deja colocar las sondas, los enfermeros están esperando las instrucciones para saber que se va a hacer con mi tío ha gritado toda la noche. Así se refirió la angustiada sobrina Luisa María, que tenía la respiración concentrada en el pecho y se arreglaba con una nerviosa incomodidad el sostén, como cuando me acomodo a cada rato mi prótesis bucal. Se escuchaban los alaridos de Julián en el ámbito de la emergencia. Con esos espeluznantes gritos como pudieron pasar la noche los pacientes. No es fácil emitir al juicio al respecto. Pase por los pasillos con un olor a cloro recién impregnado en la sala de la emergencia. Allí estaba el director del hospital realizando una revista médica. Nos saludamos, me arrojo una anécdota de un lugareño y me dijo que estaba esperando la cirujana para que interviniera al rebelde paciente que no aceptaba las sondas gástricas en su boca ni en las fosas nasales.
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Me mantuve inmovilizado, como presionado como para que no me acercara, alejado como a siete metros desde donde estuve con el director del hospital.Recientemente, le colocaron las sondas gástricas y el cómo un autómata se las saco. Julián está dormido en la cama clínica, Úrsula su esposa está a la diestra insomne de orar toda la noche y pedirle al señor que lo sane de una vez por todas que por favor hasta cuando le va a seguir pidiendo, temprano oro de rodillas, ella le pregunta en sus oraciones que más quiere que le pida, cuando de repente Julián exclamo con un tenebroso grito que me aturdió los oídos, estremeció el lugar, él se sentó con los ojos desorbitados bramo nuevamente arrojo una larga lombriz áscaris en el piso hacia donde yo estaba. Me miro con ojos y rostro de un desanimado zombi, Julián no le funciona el consciente, le activa la parte del cuerpo, lo material, él reacciona como un animal,
como un zombí!
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Me preocupé por la situación de mi amigo porque la situación es difícil para la intervención quirúrgica que le van a realizar porque está renuente, renuente. Su sobrina Luisa María decía: –Ayer en la mañana vino Roberto a visitarlo muy cerca de su cabecera, grito salvajemente y le vomito otra lombriz en el pecho que le baño la camisa. Esto me da pavor, parece un demonio. Me da mucho miedo, no quiero ver a mi tío en esas condiciones. Cuando se despierta se transforma como un sonámbulo, repite: “No me van a operar. No tengo nada, yo estoy bien, me voy para mi casa”, los quejidos son horrorosos, me asustan mucho. Me retiré del lugar muy preocupado hacia la avenida, mi amigo está rebelado en su inconsciente, se resiste a la intervención quirúrgica. Entre a la entidad bancaria a retirar un efectivo monetario al salir me conseguí a Cesar Augusto. –Vas para el hospital, espérame, deja que compre unas cosas y nos vamos a acompañar a la familia de Julián porque está muy mal de salud, ese diagnóstico es delicado y grave.
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Así me dijo Cesar Augusto. –Julián se niega a operarse. La situación es difícil, él tiene unos patrones religiosos que no son fáciles. Parece un
zombi. Le respondí.
–Voy a apoyar en lo que pueda, no podemos dejar que se muera Julián. Llegamos hasta la puerta del hospital, conseguí a Rogelio, que ha estado pendiente en todo momento de la condición del amigo recluido en la emergencia.
Los paramédicos volvieron a las doce y media del día a continuar con la buena intención de prepararlo con el material quirúrgico y tratar de implementarle las sondas gástricas y urinarias,
él rechazo la intervención de los paramédicos. –No tengo nada, me voy para mi casa! Respondió irreflexiva e irracionalmente Mi amigo Julián.
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A las tres y diez de la tarde se acercó la cirujana para realizar la intervención quirúrgica en la sala de emergencia del hospital se reunió con el equipo paramédico para revisar minuciosamente la situación del paciente Julián, tiene todos los requerimientos tiene el equipo y la bata quirúrgica puesta pero se niega a que le coloquen las sondas.
El paciente se resistió bruscamente. No acepta la operatividad pre quirúrgica. La cirujana sale de la emergencia con un pensamiento preclaro de retirarse porque el paciente no acepta los urgentes tratamientos preventivos para no agredir al paciente en el quirófano y tratar de salvarle la vida. Ella se dirige hacia la salida a paso apresurado en el portón del hospital la esperamos con los familiares y amistades, entonces Carlos Augusto le solicito muy civilizada y pausadamente.
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–Doctora no se retire haga usted un esfuerzo por salvar la vida de nuestro familiar.
–Ya hice todo lo posible, si ustedes que son sus familiares y amigos colaboran para convencer al paciente yo retorno a la sala para salvarle la vida. Ella respondió serenamente con su mirada india y ojos pequeñitos muy amablemente. Ese fue el acuerdo, mi piloto automático cambio a sincrónico y volé a la habitación a donde había retornado el irracional amigo en compañía de la tía Zora.
Lo conseguimos pavoneándose con la hernia estrangulada y la obstrucción intestinal por la sala del pasillo principal.
–No me van a operar, me voy para la casa, no tengo nada! Dijo el irreflexivo zombi!
Julián. Lo mire a los ojos oscuros con rabia.
–Salve el equipo! salve el equipo de usted depende todo haga un esfuerzo. Salve el equipo! le exigi a Julian. –Haz un intento! Le exigió Zora.
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–Está bien! Se movilizo por el pasillo restringido del quirófano donde lo esperaba el equipo con la cirujana y los paramédicos. Entre nuevamente a fortalecer mi inducción.–Salve usted el equipo. Me miro asintiendo la orden. Me retire a esperar. Se escuchaban alaridos que repercutían en el hospital como que un monstruo tenía posesionando a mi amigo Samuel, daba muchos alaridos como un niño malcriado cuando lo van a inyectar. Hasta que desaparecieron los bramidos espeluznantes. Carlos Augusto se fue del ámbito hospitalario que ni se despidió. Me quede otro rato con Rogelio.
Este amigo se despidió para retirarse hasta su residencia. –Nos vemos más tarde en la noche para ver como salió de la intervención quirúrgica.
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Me quede otro rato hasta que una extraña sensación me posesiono y se apodero de mis entrañas, me posicione de mis circunstancias ausculte mi amor propio. “Tengo hambre”. No almorcé, salí a buscar comida como un zombi hambriento. “Soy un zombi con hambre” en que condición está mi vida camine como un gato como un perro callejero a buscar comida pensé muchas cosas pero la mejor era llegar a una pollera.
–Feliz tarde caballero. Me puede traer una pieza grande de pollo. Le exigí al mesonero.
–Con todo? El pregunto.
–Si con todo! Respondí.
¿Con refresco?
–Si con refresco el contorno que sea abundante, tengo mucha hambre.
–Ya le atiendo con mucho gusto.
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En minutos la dueña del local, con sus ojos verdes, el pelo rojo carrubio y la piel muy blanca como una perla, me trajo el servicio en la bandeja con la pieza de pollo asado con suficientes contornos,los devoré con una fuerza que el hambre se esfumó.
–Muy amable señorita, te amo Carmen Eulalia.
Me fui con la tarde sintiendo con la llegada de la noche que el zombi se había esfumado, se había retirado por la derrota que sufrió.
Vencí al zombi!
REFERENCIAS: Las muestras fotográficas tomadas con mi teléfono Redmi Note 7 son de mi propiedad patrimonial.