Haciendo el trabajo sucio
Saludos, estimada gente de Steemit y uloggers hispanos,
Antier, después de resignarnos que teníamos que esperar hasta el lunes para buscar atención médica para mi esposa (los fines de semana aparentemente son ahora oficialmente días de tu-no-te-puedes-enfermar en Venezuela), decidí aceptar la invitación de un vecino para hacer algo por nuestra comunidad. En un país donde el caos es rey y el gobierno controla cada movimiento de las personas (para censurar y reprimir su activismo político), pero no puede hacer algo tan básico como recoger la basura (que decir reparar la inundación de aguas negras en la que hemos estado "nadando" por años), los ciudadanos deben hacer su parte.
Crecí en un pueblo pequeño, criado por padres que me enseñaron que ningún trabajo estaba por debajo de tu dignidad. Cualquier trabajo manual era tan digno (o indigno) como uno lo hiciera ser
Me mudé a la Calle Sarmiento hace unos 5 años y de inmediato note algunas cosas: 1) Aunque era una calle céntrica, la recolección de basura funcionaba irregularmente (ahora simplemente no funciona). 2) La gente de la zona, para ponerlo en términos populares, “era cochina”. 3) Los vecinos no eran muy unidos que digamos o dados a participar de esfuerzos para resolver problemas locales. 4) Ignoradas por el gobierno local, las aguas de cloacas estaban desbordadas, lo cual (aparte de la fetidez y riesgo a la salud) favorecía el crecimiento de maleza a lo largo de aceras y cunetas.
Así que decidí hacer mi parte, por lo menos en “mi” frente (a decir verdad, la casa no es mía; es de la familia de mi suegra). Cuando el cemento era todavía accesible, yo “malgasté” (o así les pareció a algunos vecinos entonces) medio saco cubriendo las grietas a lo largo de la acera y la cuneta de manera que no creciera maleza por ahí. Sucede que las casas a nuestra derecha e izquierda están de alguna manera abandonadas (la de la derecha en su totalidad, su dueño murió y sus parientes no volvieron a habitarla); la de la izquierda está habitada por un alma en pena que ha sufrido varios ACV y ni siquiera puede caminar solo. Así que
terminé haciendo lo que hacía mi padre cuando estaba vivo. Soy responsable por la limpieza de tres “porches”.
Con el tiempo, la idea caló y a otro vecino le pareció provechoso que hiciéramos lo que el resto de la calle pensó era trabajo del gobierno. Me invitó a limpiar un poco esperando que otros vecinos se motivaran. Lo hicimos bajo un sol inclemente un domingo hace algunos meses. Funcionó. La gente empezó a salir de sus casas y a unirse a la jornada. Algunas mujeres prepararon café, lo cual es un lujo ahora.
En otros tiempos, habríamos podido hacer una parrilla y comprar cervezas. Ahora nos conformamos con café y agua.
Y así fue como repetimos la experiencia este domingo pasado. La calle estaba asquerosa. Cantidades obscenas de sedimentos y desperdicios de todo tipo acumulados en la cuneta. Hace casi un mes que no pasan recogiendo la basura. La gente la ha ido acumulando en las esquinas, los perros y los indigentes la riegan, etc. (un círculo vicioso aparentemente interminable). No podemos hacer nada respecto a las aguas negras desbordadas. La compañía a cargo ha visitado varias veces. Dicen que no pueden repararlo (ya sea por falta de equipos adecuados o personal).
Más personas se unieron esta vez. La pasamos bien. Sentí que por ese momento, por lo menos en nuestra calle, teníamos algo de control. Podíamos decidir cómo queríamos vivir, cómo queríamos que luciera nuestra calle, y coincidimos en que queríamos que luciera lo mejor posible y teníamos que ser constantes si queríamos mantenerla limpia.
Fue otro domingo soleado, y no estábamos manipulando rosas, pero pudimos infundirle, con todo el entusiasmo que la gente le puso, cierto aire de frescura a una labor a todas luces repugnante.
Se siente bien hacer algo a favor de la comunidad , estrechar lazos y mejorar nuestros alrededores, aun cuando la mayoría no lo aprecie; aun cuando se vuelva a ensuciar pronto. No obstante, soy conciente de lo contraproducente que puede ser demostrarle al gobierno que uno puede hacer su trabajo, o que uno puede adaptarse a perder servicios básicos como el aseo urbano.
Si cada persona cumpliera con sus responsabilidades (especialmente la compañía hidrológica y la de recolección de basura), entonces nadie tendría que hacer el trabajo sucio de otro. La naturaleza nos distrajo de estas cavilaciones con una sorpresa.
¿Pueden ver lo que encontramos en medio de tanta inmundicia?
La vida y la belleza se las arreglan para sobrevivir en medio de los desperdicios, el descuido, la contaminación y la ineficiencia humana.
Estos pececitos fueron regresados a la cuneta donde parecían estar más a gusto. Probablemente serán atrapados por niños o los carroñeros (los he visto jugar con ellos y hasta asarlos para comerlos). O, serán atrapados por una Garza blanca que merodea la calle y que espero fotografiar para ustedes pronto.
Soy
Estos peces se convirtieron en la lección del día. Un ejemplo asombroso de tenacidad y adaptabilidad
. Han sido capaces de sobrevivir literalmente cubiertos en estiércol. Son parte de algo más grande y hemos descubierto que a pesar de que las aguas negras circulan por la ciudad, no huele peor gracias a estas pequeñas criaturas. Algo hemos de aprender de estos pececillos.
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Todas las imágenes de archive personal, tomadas con teléfono MotoG-3 y modificadas en imgur.com.
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