Leyenda y mito, la ciudad dorada rebosante en oro. Desde el cálido Caribe hasta el frío extremo de la Patagonia Sur sus historias están en todos los relatos de los conquistadores españoles y portugueses. La búsqueda de riquezas probablemente haya matado más personas que la lucha contra los aborígenes que encontraron por toda América.
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Particularmente aquí, en el territorio que luego conformara la Argentina, sus primeras víctimas fueron portugueses.
Simón de Alcazaba y Sotomayor fue un navegante y explorador portugués quien instauró el primer asentamiento europeo en la Patagonia en marzo de 1535. Alcazaba fundó en la caleta Hornos ubicada dentro de la Bahía Gil "Puerto de los Leones", un efímero asentamiento que duró hasta mediados de junio del mismo año, menos de cuatro meses.
¿Qué fue lo que aconteció para que el asentamiento durara tan poco?
Prácticamente toda la dotación de soldados y expedicionarios dejaron el lugar para adentrarse en el por entonces inhóspito territorio de la estepa patagónica. Algunos indios que encontraron en la zona les contaron historias de tesoros y una ciudad hecha de oro y allí salieron en busca de la fortuna.
La expedición en su dificultosa marcha encontró un río al que bautizaron Guadalquivir por la semejanza con aquel que desemboca cerca de San Lucar de Barrameda, Cádiz, desde donde había partido la expedición de Alcazaba. Probablemente se tratara del actual río Chico que desemboca en el río Chubut y al cual llegaron al seguir el cauce del afluente.
Durante el penoso camino encontraron muy pocos indígenas y eran tan pobres y necesitados que nada pudieron sacarles para alimentar a la ya hambrienta tropa. Según registros aprendieron a extraer unas raíces de la tierra (probablemente copiado a los tehuelches) eran unas papas que junto con el cactus y algunas hierbas silvestres consistieron prácticamente en su único alimento.
Caminaron durante muchos días sin encontrar absolutamente nada, como era de esperar hubo rebeliones y la mayoría murió en enfrentamientos entre ellos o por hambre. Entre los muertos estaba Simón de Alcazaba y su primer oficial Rodrigo de la Isla.
Según los pocos relatos que se conservaron una particular descripción del punto desde donde emprendieron el regreso indicaba que “era un lugar angosto donde el río pasaba y las montañas llegaban hasta el cielo”. Según algunos críticos ese lugar muy probablemente fuera el actual paraje Las Plumas y si efectivamente habían llegado hasta ahí, estaban a más de 60 leguas de la desembocadura en el Océano Atlántico del río Chubut.
La búsqueda de El Dorado se cobró en esta aventura 56 víctimas; debieron pasar más de 300 años antes que las aguas del río Chubut fueran nuevamente remontadas por el hombre blanco.