Talento, trabajo duro y una que otra jugada del destino fueron los ingredientes para que un joven de Brooklyn que vendía crack en New Jersey llegara a ser el magnate del rap a nivel mundial. Aunque creer en el destino es lo de menos, podrías llamarlo: 'Dios', 'libre albedrío' o 'casualidad', pero hay situaciones que se dan sin explicación y podrían definir el curso de tu vida, como le pasó a Jay Z.
Corría el año 89 cuando un joven Jay Z se encontraba bajo la tutela del rapero Jaz-O, quien ya tenía una base de fanáticos importante en la ciudad de Nueva York y un buen currículum dentro de la música callejera que lo hacían un candidato perfecto para firmar con algún sello disquero y así paso, llegó EMI puso las condiciones, el dinero y pasajes de avión a Londres donde se grabaría su álbum, obviamente Jay no se iba a quedar cumpliendo horario en la esquina donde vendía crack así que se fue junto a su mentor a vivir el sueño durante la grabación de un disco.
El mismo Jay Z ha dicho en muchas ocasiones que en su juventud vendió drogas desde Brooklyn hasta New Jersey y durante sus andanzas entrenaba sus habilidades liricales escribiendo rimas. Esto no es una novedad entre los raperos estadounidense de los 80 y 90, recordemos que hablamos de sujetos provenientes del Bronx, Harlem y Queens cuya una alternativa era la vida callejera y encontraron una nueva oportunidad en el rap. Muchas de sus carreras al principio estuvieron financiadas por el dinero producto de la venta de sustancias en sus esquinas y la de Jay no fue la excepción. Sin embargo, parecía que ya no necesitaría continuar en la esquina porque estaba tomando un avión hacia Londres para participar en la grabación de un disco.
El día de su llegada al Reino Unido, ocurre una redada policial en el mismo punto en el que Jay distribuía su mercancía y donde cayeron todos sus compañeros. De no haber abordado ese avión, el joven Jay Z hubiese terminado en prisión y el prodigio de las metáforas del rap estadounidense no hubiese existido nunca.