Mientras cabalga mi respiración en lejanos recuerdos he incurrido en una serie de suspiros inocultables, como si se hubieran dejado llevar por una miriada de aves migratorias rumbo al infinito. Y en esta ola de pasiones he podido hallar esa cordura que creí extraviada entre el follaje espeso de un bosque en penumbras, como si la bruma invadiera también la percepción de la esperanza.
Es temprano para encontrar las huellas que cimientan el sosiego, que junto a los sueños me ayudaron a llegar a la salida en medio de una obscuridad que parecía no terminar jamás. Lloré cuanto pude, es verdad, y al salir el sol aquella mañana me vio abrazado a la nada, desprovisto de ropajes, desnudez comparable al menosprecio del mundo por las virtudes del alma. Y aún así, he resistido y lo haré por tiempo indefinido mientras esos ojos sean los que brinden su tibieza para confortar mi alma. Las pupilas de una musa gloriosa que pertrecha mi ser tan solo por existir.
En cada paso recorrido observo el velo que invade el pasado, neblinosa escena de paz que se ahogó en el tormento de la ausencia de tu piel. Cada gota de lluvia enfría mas el cuadro de tu imagen dibujado en mi memoria pero no lo ha logrado desteñir ni lo hará jamás. Mientras que se sigo ceñido a tus caderas de fuego tengo un vínculo con el presente, pero si la distancia nos gana la batalla, vagaré perdido en un firmamento plagado de lamentos y pesar.
Ahora, debo sopesar si avanzo a un destino desconocido o analizo mis pasos con cauto temor. Pero se acerca ese vacío que llama a sus adentros como un imán muy poderoso. Me invadió hace tiempo una desesperante confusión en medio de las ilusiones, porque al final desconozco si se harán realidad o terminarán sesgadas a la vista de este gigante abismo.