He de decirlo desde el alma
aunque me cueste una agonía,
cantares que eran conocidos
en recuerdos de fantasía.
Solo se escucha el silbido
de un viento gélido y feroz,
que remontaba en mi cuerpo
en esta ausencia tan atroz.
No se comparan esos días
a estos llenos de fantasmas,
cenizas de fuegos pasados
poco a poco congeladas.
Las muecas burlonas del tiempo
se acercan a fiscalizar,
para que todo esté a su antojo
y se agite el hondo mar.
Se remuevan las promesas
que se quedaron dormidas
entre tus labios y los míos,
como prendas desteñidas.
Ha sido la arena y la sal
en la orilla de esta playa,
la que guardó esos secretos
pero su fuerza ya desmaya.
Por eso es que necesito
la suavidad de tus manos,
que agigantan mis suspiros
y tu amor lo hacen cercano.
En esta noche solitaria
soñaré que estás aquí,
regando de fe mis jardines
rosas, claveles y el jazmín.
Jamás dejaré que una aurora
me arrebate de tus ojos,
prefiero morir en el intento
que sufrir ese despojo.
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