No sé si me detenga en esta vertiginosa emoción,
un caudal de sinuosas y aterciopeladas alegrías
se posó entre tu presencia y mis anhelos.
Alocadas carcajadas que semejaban cristales brillantes
llenaron la madrugada, despertando a los descolocados
transeúntes que transitaban nuestra misma senda.
Lujuria plenipotenciaria y sosiego inquieto,
dos percepciones y una misma fantasía.
Si pudiera, reviviera esos momentos inalterablemente
hasta que se rompieran las fotografías grabadas en la memoria,
sucursal de caricias y sede de mis angustias,
postales firmadas y dedicatorias desteñidas por la indolencia de Cronos,
cambiando de lecho no he podido resolverlo,
aposentos variados y una sola voz que me consume por dentro,
la voz de un adiós
Por lo que esta perpetuidad tan veloz da vértigo en mi alma,
y sin sopesar sus agonías se escurre tan dentro que derrite las sonrisas,
descompone melodías, y me susurra con tenacidad al oído: ¡Aférrate al
temor y somete a la paciencia! que tonta sugerencia cuando ya conozco
sus mentiras, y entre sus trucos tan sutiles va cambiando realidades,
va surcando la ternura y termina por romper la claridad.
Busco con mis manos la esperanza en plena obscuridad y alli
he descubierto tu piel, en medio de esta imprudente pesadilla casi
llego a creer que no estabas a mi lado y se rompen las cadenas cuando tus
dedos, con amor y delicadeza se adueñan de mi espalda y de mi vida,
solo atino a decir ¡Bienvenida! sólo fue un veloz tormento antes de
despertar!!