Capitolio, Caracas, Venezuela. 2018
Este es el centro de Caracas, parte de los lugares más peligrosos de Venezuela, o al menos así dicen siempre, pero muy lejos de toda esa violencia es un sitio que yo considero hermoso, por la arquitectura colonial, es en el centro donde está la parte artística más representativa de Caracas, algunos museos, cafeterías, librerías, luego está El Techo de la Ballena lugar que se atiborra de personas que se reúnen a compartir poesía y a beber cervezas. En el centro se respira un aire muy bohemio como diría mi tía.
Capitolio, Caracas, Venezuela. 2018
Esta es una pequeña parte de ese centro bonito e histórico, desde mi perspectiva.
Por aquí caminé cada vez que estaba a punto de ocurrir algo muy importante en mi vida profesional, aquellos recorridos eran casi sin aliento apurada, corriendo por entrega de trabajos, muestras de fotografía importantes, pero incluso en la angustia el lugar lograba sacarme una sonrisa admirando cada esquina.
El chocolate caliente de Café Venezuela se puede percibir a metros desde la esquina, es un delito caminar por el centro sin uno de esos en tus manos, peor aún es ignorar la arquitectura o el atardecer reflejado en los vidrios de la Torre del Banco de Venezuela, sentir la vibra de todas las personas que van y vienen de sus trabajos o casas. Estas y muchas cosas más me hacen adorar el centro y tomarlo como pare de lo que considero un hogar entre la grandiosa Caracas, tiene un aire más humano, lo podría describir como una sensación más humilde, nunca percibí peligro estando allí, percibí sonrisas incluso de un famoso mendigo que está en frente de la iglesia de San Francisco, famoso porque desde que tengo memoria siempre lo vi por allí.
Capitolio, Caracas, Venezuela. 2018
No me gusta escribir sobre lo obvio, prefiero utilizar este espacio para contar mi versión de un lugar, que parece ser la visión de una ciega, ¿realmente me estoy haciendo la vista gorda ante los problemas?, muchas veces tengo esa discusión interna conmigo, ¿Por qué prefiero ignorar las cosas de las que todos hablan? ¿Por qué estoy más pendiente de dejarme sublimar por un atardecer?
- Chama ten cuidado, no saques la cámara aquí dicen.
No creo ser la única persona que piensa que alejarse de lo obvio es saludable, cambio los terrores a la calle, los nervios, y el miedo por la fascinación de cosas simples, el disfrute de un momento efímero de una puesta de sol, el olor de un café recién hecho y otras cosas que me recuerdan que mientras viva, debo hacerlo con ganas y sin miedo, aun cuando eso viene tomado de la mano con un sabor agridulce nostálgico y la extraña sensación de un vacío que posiblemente no se vuelva a llenar.
Muy pocas veces tomo el atrevimiento de sacar la cámara en lugares públicos, pero creo que las personas deberíamos dejar de crearnos nuestras propias cárceles en la mente, aprovechar las oportunidades y si tenemos el coraje, arriesgarnos. Ya tenemos suficientes limitaciones como para seguir privándonos de nuestros deseos.
Y una vez más voy a defender el Centro de Caracas, por sus perrocalenteros en cada esquina, héroes sin capas que estarán para alimentarte cuando no te queda dinero para nada más, y aunque de pronto te invada ese olor entre gasolina, orina y humo de la calle, repulsivo pero característico de la ciudad podrías, tomarte un tiempo para conocer un poco del arte del siglo XIX y XX en los museos que contienen parte de nuestra historia como Venezolanos.