Una vieja discusión
En mi infancia escuchaba a cada rato a mis padres, sobre todo a mi papá, hablando del sentido común. El viejo era experto en despachar cualquier diferencia de opinión diciendo: “es que a fulanito o sutanita lo que le falta es sentido común”.
Llegué a la etapa de adolescente sin tener muy claro en qué consistía el famoso sentido y fue en la edad adulta cuando entendí de qué se trataba. También entendí otra de las expresiones favoritas en mi casa: “el sentido común es el menos común de los sentidos”.
Sirva este pequeño preámbulo para darle contexto a la reflexión que hoy comparto con ustedes.
La mirada Juvenil.
Hace poco una de mis alumnas de la universidad me comentaba sobre un desagradable episodio que vivió recientemente.
Resulta que un día se pone de acuerdo con una compañera para ir a la piscina y quedan en verse en casa de la amiga. Una vez allí mi alumna le dice a la amiga que necesita cambiarse y ponerse el traje de baño. Sin tomar mayores precauciones decidió que lo más rápido era cambiarse allí mismo, en la sala. No se percató que en uno de los cuartos estaba la puerta abierta y uno de los hermanos de la amiga estaba tomándole fotos mientras ella se cambiaba. Su sorpresa fue mayúscula cuando al poco tiempo se enteró de que sus fotos semidesnuda estaban rodando por la red.
El inevitable encuentro intergeneracional.
Luego de esa pequeña confesión comenzamos este diálogo.
─ ¿Y por qué en vez de la sala no te fuiste al baño o a un cuarto?
─ ¿Para qué?
─ Podrías haber pensado que era más seguro, ¿no?
─ No se me pasó por la cabeza. Además, yo me puedo cambiar dónde sea, el que no tiene que tomar las fotos es él.
─ La ocasión hace al ladrón.
─ No profe, el que se pasó fue él, abusó.
─ Pero uno es el que tiene la responsabilidad de cuidarse, ¿no?
─ Bueno, no lo pensé, solo hice lo que me pareció que era más rápido.
─ ¿Pero te das cuenta que pudiste evitarte todo el desagrado que has tenido?
─ Si profe, es verdad…
La conversación siguió más o menos en ese tono. Fue quedando claro que yo tenía un concepto de la precaución que parece no estar dentro del sentido común de este tiempo. Es obvio que entre los jóvenes la valoración de lo que solíamos llamar discreción está en un nivel, digamos, que bastante bajo.
¿Comprender o juzgar?
No es mi costumbre llegar a conclusiones o sentencias aventuradas, sobre todo cuando tienen que ver con la forma en que los jóvenes ven el mundo. En los años que tengo como docente he aprendido que hay una mirada juvenil de la realidad que a mí me resulta esquiva. Eso procuro asumirlo y respetarlo, trato de tener claro que mi mirada del mundo pertenece a una realidad que no es la de ahora.
Procuro apartarme de la tentación de acusar a los más jóvenes de pérdida de valores, un concepto que se utiliza como comodín en los días que corren para referirse casi a cualquier problema social. Hay quienes resuelven su falta de comprensión echando mano de clichés como el que acabo de mencionar.
Muchas dudas para reflexionar.
De modo, que en vez de conclusiones me decanto más por llamar la atención sobre algunas interrogantes.
¿Estamos en un tiempo donde el narcisismo es tan fuerte como para que se olvide lo que era el cuidado de sí?
¿Es la ingenuidad un comportamiento acorde con la sensación de formar parte de una aldea global?
¿Tienen algún sentido las campañas de información que alertan a la ciudadanía sobre los peligros de exponerse ampliamente en internet?
¿Tenemos en este tiempo condiciones como para pensar que las cosas no le pasan solo a los demás, sino que me pueden pasar a mí también?
Son sólo algunas de las dudas gruesas que me surgen de la conversación sostenida con mi alumna. Me doy cuenta que lo que algunos han llamado un cambio epocal parece ser una realidad, sobre todo en las nuevas generaciones.
Ustedes dirán, bienvenidas sus ideas.
Gracias.
Todos tus comentarios son bienvenidos en este sitio. Los leeré con gusto y dedicación.
Hasta una próxima entrega. Gracias.
Las imágenes en blanco y negro son de mi autoría.