Esa mañana desperté en el sótano. La tarde anterior, al llegar de mi viaje, Miriam, mi esposa, estaba esquiva y nerviosa, intentaba ocultarme lo que yo sabía que había pasado, me ofreció un té con galletas intentando prolongar la consumación del destino que le tenía preparado por haber abierto aquella puerta. Tomé mi té a sorbos muy lentos, para extasiarme con el pulso acelerado que revelaba la yugular tras su vestido, podía oler su miedo y su infantil intento de disuadirme. Cuándo le pregunté por la llave, su voz temblorosa despertó aún más mi disfrute por lo que sería su fin.
Miriam no era como mis otras esposas, tal vez por eso esperaba que terminara distinto, era rara, algunos dicen que era bruja por su interés por las yerbas y bebedizos. Era callada y observadora, le gustaba ver más allá de la superficie de las cosas, el tono azulado de mi barba lejos de espantarla le fascinaba, me veía a los ojos, como nadie más lo hacía. Pero abrió aquella puerta, descubrió mi espantosa verdad, desató al demonio que mantuve dormido todo este tiempo y supe que ya nunca me vería igual; eso me condenó y la condenó, sólo quedaba dejarme llevar para recobrar el control.
De pronto no podía moverme ni hablar, tendido en el piso sin poder ver, escuché su voz – ¡llévenlo al sótano antes de que haga efecto el brebaje! - Entonces perdí el conocimiento. Y aquí estoy atormentado dentro de un cuerpo que no reconozco, sólo logro ver mis seis patas enormes y peludas agitándose sin control y las cabezas putrefactas de las cinco esposas que le precedieron.
Este cuento fue escrito para el concurso de escritura creativa 2, en homenaje a Rodari, si quieres saber más acerca del mismo te dejo el enlace aquí
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