En Venezuela, mayo es el mes de las flores, y cada año entre abril y mayo florecían mis zephyrantes o lirios de lluvia, una de mis flores preferidas. En Buenos Aires, mayo es un mes frío, es otoño (aún) pero parece invierno. Tambien tiene sus colores y su encanto, pero por momentos extraño el calor de mi tierra y las flores de nuestro jardín. Aunque debo decir que en otoño también hay flores.
Hoy encontré esta foto de mayo del 2024, por esas fechas ya preparabamos nuestro viaje para la Argentina y por eso me di a la tarea de regalar mis zephyrantes a todo aquel que quisiera darles un hogar. Mis amigos del grupo literario se llevaron sus plantitas e incluso el año pasado por estas fechas me enviaron fotos de sus zephyrantes florecidos. Fue hermoso saber que han cuidado de ellos y que me tienen presente a pesar del tiempo y la distancia.
Parece increíble lo rápido que pasa el tiempo y que ya sean 2 años de esta increíble aventura. Solo el tiempo dirá lo que pasará mañana y si alguna vez volveremos a ver los zephyrantes floreciendo en mayo, pero la vida es así cambiante e inesperada.
Pienso en nuestro jardín que sigue floreciendo en nuestra ausencia, en la luz del sol filtrándose en las ramas del aguacate y la pomalaca. Quizá las ardillas hayan hecho hogar en sus ramas y las iguanas hayan colonizado el patio, o quizá no, quizás las gatas no dejen entrar a los intrusos, quizás las colonizadoras sean las felinas que aún lo habitan.
Cuando tome esta foto quería guardar ese pedazo de primavera eterna que habita nuestro jardín, justamente para volver ahí de vez en cuando, en mis recuerdos.