Imagen tomada del blog original de 
Sin darnos cuenta avanzamos a la semana #89 y en esta oportunidad llega a la palestra el tema de la RESILIENCIA.
En la semana #88 de vértigo disfrutamos de 13 grandiosos post dejando dos ganadores, felicidades a y
.
Nuestro querido #Reto12votos llega a nosotros gracias a nuestro amigo y hoy sigue el camino nuestra dulce
, ella nos fomenta la lectura y escritura dentro de #hive.
Recordemos que #Reto12votos se trata de leer, votar y comentar por otros participantes y ellos harán lo mismo a cambio.
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Todos tenemos resiliencia, pero no podemos saber hasta qué punto, creo que es imposible medirla bajo algún número, quizás decimos un 5 y la sobrepasamos inimaginablemente, supongo que todos tenemos distinta fortaleza y sabemos soportar los dolores en diferentes formas y hallamos distintas maneras de auto ayudarnos.
Por ahí alguien que se considera débil a sí mismo tiene un capacidad de aguante mucho mayor de alguien que se jacte de ser fuerte.
¿Cuán fuerte es mi resiliencia?
Solo lo puedo saber llegado el momento y sabiendo a que me enfrento?
Parte de mi historia, vivencias reales.
A lo largo de mis años he soportado gran cantidad de dolores, los que me han fortalecido y formado mi carácter para las pruebas difícil que lleguen en la vida.
Al cumplir 4 años sufrí de quemaduras de segundo grado, estuve mes y medio hospitalizada, imaginarán que una niña de esa edad es dependiente de sus padres, bueno esa instancia me hizo madurar y aprendí a ser autosuficiente, mi resiliencia ante el dolor y la adversidad comenzaban a aflorar.
En esa época hospitalaria me dedicada a hablarles a los niños de las camas contiguas para que dejaran de llorar y si alguno necesitaba algo llama una enfermera y así los atendían.
Mis padres al salir ya de alta médica decían que había cambiado, que la niña risueña estaba perdida en algún lugar de mi alma.
Al pasar los años y aguantar burlas injustificadas por mis quemaduras seguí forjando mi fortaleza, esas palabras hirientes se rompían en el viento y aunque doliera trataba de que no me afectarán a mayor nivel.
Al llegar a la adolescencia un nuevo dolor llegó, perder un ser querido es un dolor inimaginable, es un dolor que quema y tortura, más aún si esa personita muere en tus brazos, mi fuerza debía continuar ya que tenía que ser el soporte de quienes más sufrirán, mis padres y del mismo modo ser quien cuidara de la familia.
Avanzando en los años y esas cargas a cuesta me hicieron madura y sensata, (una vieja chica), así me llamaban, por problemas de otra índole termine estudiando por las noches y fue ahí donde comencé a reír otra vez, no duró mucho la verdad una nueva pérdida a nuestras vidas llegaba, el 10 de mayo del año 2010 falleció mi abuela, sentí mucho su perdida pero entendí que la vida es así y en medio de mi propio dolor trataba de consolar a las que más sufrían, mi madre y tías.
La verdad cada vez que me veía al espejo me decía a mi misma, ¿cuanto más aguantaremos tanta tristeza?; siempre se puede un poco más eso estaba por comprobarlo.
En esa época del 2010 conocí por Facebook a un muchacho de Argentina, su nombre era Alejandro, el también guardaba su propia resiliencia antes las vicisitudes de su vida, compartimos problemas y nos volvimos confidentes y consejeros en la distan.
Esa amistad tan bonita comenzó cambiar y sentía algo tan cálido, más que el mismo pinocho sol, nació el amor entre ambos y por decisión propia vino a Chile, entablamos una tierna relación, compañerismo y amor, preocupación el uno por el otro, pensaba que la felicidad había llegado (nueva estaba equivocada).
Vivimos juntos un año desde finales del 2012 hasta el 2013, un año muy feliz hasta que la vida nuevamente hizo lo suyo, comenzó a enfermarse y al concurrir al hospital lo diagnosticaron con cáncer testicular; al operarlo quedó en estado grave por lo cual decidieron intubarlo y ayudarlo de esa manera a respirar ya que la metástasis estaba ramificada en su cuerpo,(solo escuchaba y cada vez me ponía más fría, esa sensación de caer se detuvo y la fortaleza de hizo mayor).
Eso fue en diciembre del 2013 y el 18 de ese mismo mes falleció, sentí que moría, pero le había prometido que sería fuerte y cumpli mi promesa.
Al pasar el tiempo el amor nuevamente tocó a mi puerta de la misma manera anterior, del mismo país y ciudad de localidades cercanas (el destino es muy pícaro), mi marido en la actualidad vino a Chile también y formamos nuestra familia, dos hermosas hijas.
Con la segunda pasamos dolores insoportables en donde nuestra fuerza se puso a prueba incontables veces, no nos dejamos vencer y comprobamos que nuestro nivel de resiliencia se hacía mayor, aunque no sabemos cómo hubiésemos actuado si algo malo hubiera ocurrido, gracias a Dios que siempre nos acompañó salimos victoriosos.
Quizás otra persona que le tocara vivir todo lo que pase no hubiera aguantado de la misma forma o quizás si, eso no lo puedo saber.
** Si una flor tiene la fuerza de soportar la adversidad del clima y continúa bella y radiante,¿por qué nosotros no continuamos aunque sea difícil y cueste?**