Cualquiera de las interrogantes podría ser respondida afirmativamente para definirla, lo cierto es, que se trata de algo tan complejo y escurridizo, que se presenta de distintas maneras para cada quien. Lo que me provoca felicidad a mí quizás no te lo provoca a ti, por lo cual, tanto a nivel psicológico como desde el punto de vista filosófico, la felicidad tiene muchos matices.
Muchos creen que la felicidad no existe, que solo existe la alegría, en otras palabras, algunas personas opinan que la felicidad como estado de la persona a largo plazo, no es posible. Evidentemente, estas personas desconocen que existe el libre albedrío emocional, pues personalmente, me inclino a creer que la felicidad es una decisión, es decir, es la actitud y convicción de que soy dueña de mis sentimientos y por lo tanto, elijo ser feliz.
Esto no significa que a veces no pueda estar triste, enojada o atemorizada, tampoco significa que estoy libre de problemas, lo que significa es que decido pasar la página ante la gente que me hace daño, y no permito que las emociones negativas tomen el control de mi vida. Ser feliz requiere a veces soltar, y otras abrazar, requiere perdonar y perdonarse, también requiere drenar y llorar en algunas ocasiones, lo que ayuda a retomar un impulso.
La Paradoja de la Felicidad y la Tristeza
Los momentos de alegría nos pueden proporcionar muchos aprendizajes, pero por otro lado, creo que la adversidad y tristeza nos fortalecen mucho más. Las lecciones que nos quedan al superar las dificultades son increíblemente significativas, convirtiéndonos en personas más sabias, por lo cual, también nos conducen a la felicidad; todo depende de cómo aprendemos a canalizar los aprendizajes y emociones derivados de la adversidad. Por lo tanto, debemos atesorar los momentos de tristeza, porque además de enseñarnos, nos ayudan a valorar más la alegría. Claro, si concebimos la felicidad desde un sentido profundo, la tristeza temporal no tiene porqué afectar la felicidad plena.
Lo que sí está claro es que tenemos afán por la felicidad, es algo natural, salvo algunas excepciones psico-patológicas, en las que las personas no desean ser felices. Pero en líneas generales, todos desean (no necesariamente buscan) el objeto de su felicidad.
En este sentido, la felicidad es el nombre que le otorgamos a la satisfacción de nuestros deseos. No podemos desear algo si no deseamos la felicidad, en otras palabras, siempre que deseamos algo es porque estamos deseando la felicidad, pues creemos que ese algo nos proporcionará tan anhelado sentimiento. De allí mi punto en cuanto a la decisión de ser felices: ¿por qué no saltarnos ese paso y simplemente ser felices?, es decir, ¿por qué darle tanto poder a un objeto, si podemos decidir ser felices? En realidad, no dependemos de nada para ser felices, porque todo lo que deseamos es un estado mental. Todo lo que queremos al final, es ser felices.
Somos libres de escoger el objeto de nuestra felicidad, y de hecho, lo hacemos, algunos concentran su felicidad en otra persona, ya sea la pareja, los hijos, otros en el dinero, otros en el trabajo, otros en la vanidad; pero pocos en sí mismos, desde un punto de vista intrínseco. Por eso, no todos saben buscar la felicidad, porque cuando la dirigen hacia cosas banales, siempre querrán más. En fin, no necesitas nada más para ser feliz, que tu decisión de serlo.