Bienvenido a la habitación de los deseos. Aquí no se necesitan monedas para tirar a una fuente, aquí solo necesitas pensar en tu deseo más anhelado, y entrar; cuando salgas, se habrá hecho realidad.
Pobres personas, joder, no saben en lo que se meten. Hace 100 años que entré a la habitación de los deseos y no pude salir, he sido de los pocos que logran vencerla, ¿cómo se hace eso? Ni idea, lo hice, y quedé atrapado, a donde sea que se dirija, voy con ella.
Mi deseo al entrar era ser feliz, no importaban los medios, solo quería serlo. En eso pensaba cuando en medio de la oscuridad que reina en su interior aparecieron bajo un foco de luz toda mi familia, sentados, atados y amordazados, se les veía confundidos, más de lo que estaba yo; sobre una mesa se encontraba una pistola, junto a una nota: Se feliz.
Comencé a llorar, conté cada lágrima, no fueron suficientes para enumerar todo el mal que cada persona que estaba suplicando una explicación me había causado. No la tendrían, no se merecían ese favor, así como yo no merecía el mal que me hicieron, malditos ilusos de mierda.
Morirían todos, sería feliz, sí, no había nada que pudiera evitar eso. Sonreí secando mis lágrimas y tomé el arma, fue hecha para mí, era la perfección amoldada a la palma de mi mano.
Caminé lentamente por detrás de todos, acariciándolos con el arma, para que tuvieran una probada del bocadillo que iban a saborear por siempre. Madre, padre, hermana, hermano, hermana, hermano, sobrina.
Mi sobrina no debería estar ahí, no, ella aún era inocente en un mundo lleno de culpables. Decidí comenzar por ella, no había razón alguna para evitar lo que iba a suceder.
Me coloqué frente a todos, saboreando el momento como si fuera mi comida favorita, el miedo que sus ojos expresan. Reí, no pude evitarlo, ser feliz no podía ser algo malo después de todo.
Suspiré y levanté el arma. Ellos comenzaron a llorar, a pesar de que sabían por qué lo hacía, por mucho tiempo, toda mi vida, me hicieron infeliz, era momento de ser feliz. Y no sabían lo feliz que iba a ser haciendo esto. Dirigí el arma a mi objetivo y todos quedaron en silencio, extrañaría escuchar sus gemidos de miedo, pero entendía su silencio, iba a ser feliz, y disparé.
Me suicidé, o eso creía, el final no fue como la habitación lo había previsto, y me quedé atrapado en ella para siempre. A veces solo soy consciente de existir incorpóreamente, otras tengo cuerpo, a veces estoy dentro de la habitación, observando los deseos de los ilusos que como yo entraron buscando una cosa, y encontraron algo totalmente diferente.
Las imágenes pertenecen a yang miao y David Jorre en Unsplash.
Posted from my blog with SteemPress : http://jauregui98.rockdio.org/2018/10/01/la-habitacion-de-los-deseos-escritos-de-una-mente-desequilibrada-v/