Miguel
y Ángel
manos bendecidas
por Dios,
"dones de creación".
Reflejo de la verdad,
ángeles blancos,
ángeles caídos,
el cielo
y el sofoco,
el principio
y el Juicio Final.
¡Te creíamos intocable!
pero quién lo diría,
que el cardenal
te obligaría a ser de sastre,
después de dedicarte a la poesía de frescos
reflejando profetas y apóstoles,
mejorando cada músculo,
cada centímetro.
Insuperable creatividad
y técnica.
El arrebato por la "moral" católica
sucumbió al sosiego
del pudor.
¡Su falso PUDOR!
Imagino su ridícula expresión
de sorpresa y
de casta visión de lo natural.
Ordenó censurar
de sedas blancas
la masculinidad empírica del óleo.
Sin genitales,
sin verdad,
sin sensatez,
sin lo propio
llegó luego tu vendetta
en la Sixtina,
lo pasaste de pontífice a
ser parte del inframundo
con una serpiente enroscada en su pecho
que le muerde los testículos,
le crecen orejas de burro...
Está allí junto al fuego
del averno,
de donde no puede escapar
por toda la eternidad.