En París resuena el nombre de Venezuela
por mediados de 1800,
dos becados que humedecen sus pinceles,
lienzos inundados de óleos.
Realismos académicos hechos a la perfeción,
sufrimiento por doquier.
Ocres, naranjas y amarillos batallando
el gris haciendo de las suyas
en fin, colores que hacen que caigas en su trampa.
Intentas encender un cigarrillo
para que la llama del encendedor
revele mucho más
de lo que cada obra nos muestra.
En Cúa y Valencia desconocen por ahora
lo que está pasando.
Ahora sin becas,
recorren las desconocidas calles europeas
intentando dar una bocanada artística,
y todo por ese soberbio personaje,
un tal "Guzmán Blanco"
que no le gusta que le lleven la contraria...
pero es lo de menos
porque nadie podrá quitarte
la satisfacción que te genera
el olor del óleo al destapar el embace.
De nuevo concordando,
pero esta vez para el final.
Al principio un fuerte resfriado
y muy pronto sudores nocturnos
con tos incesante.
Dos talentos que se van,
jóvenes con tanto que entregar
dejan desolados los lienzos blanquecinos
y el aceite que se escurre
dejando los pigmentos secos.
Aquí muestra de dos ilustraciones de personajes que para mi país son emblema en lo que a arte se refiere, reflejo en mis collages la manera en que pienso se verían si existieran en pleno Modernismo del siglo XXI. En su eterna rivalidad (sana), los convierto en otro tipo de artista, esta vez en tatuadores modernos. Estilismos que a mi parecer concuerdan perfectamente con el actual.
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